Brenda M. Cintrón Rodríguez

Tribuna Invitada

Por Brenda M. Cintrón Rodríguez
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Apostando a la educación

Prácticamente a diario, la noticia resalta la precariedad en la que vivimos. Sin embargo, parece que no existe una fórmula para minimizar los niveles de pobreza y, mucho menos, lograr cerrar la brecha de desigualdad. Un dato preocupante es que el 56% de la población menor de 18 años de la isla vive bajo los niveles de pobreza.

Desde sus inicios, la educación es concebida como un proyecto social que posibilita el progreso y máximo desarrollo humano. Las sociedades modernas convirtieron la educación en obligatoria, con la idea de promover el bienestar individual y colectivo, pues en la medida en que se atienden las necesidades de los individuos y se les provee educación, esos mismos individuos serán capaces de aportar al desarrollo de una mejor sociedad.

A solo semanas de que comience el nuevo año escolar, no se me difículta imaginar cuáles serán los titulares en la mayoría de los medios de comunicación. No solo se señalará la cantidad de escuelas con deficiencias y no aptas para recibir a sus estudiantes, sino que también conoceremos el número de escuelas que no estarán operando, situación por la que atraviesan muchos estudiantes año tras año.

Diferentes grupos de la comunidad académica de Puerto Rico se han dado a la tarea de generar investigaciones en torno a los efectos de la pobreza y la desigualdad, y su impacto negativo en el desarrollo de las personas. Toda la información recopilada indica que existe un vínculo entre la pobreza, el bajo rendimiento académico, la deserción escolar y los problemas emocionales y de conducta, como la agresividad, la ansiedad y la depresión.

Un estudio reciente realizado por el Colectivo Universitario para el Acceso, de la Universidad de Puerto Rico en Cayey, indica que la falta de recursos y las limitaciones económicas juegan un papel importante en la retención universitaria de estudiantes de sectores socio-económicos bajos. El estudio señala que, aunque los estudiantes reciben ayudas económicas, muchos se ven obligados a trabajar largas horas para poder cubrir sus gastos, a lo que se le suma su carga académica.

Esto puede dificultar el proceso de aprendizaje y preparación profesional, consecuentemente limitando las posibilidades de que el individuo alcance una mejor calidad de vida. Mucho se habla de que los jóvenes son el futuro del país. Pero, ¿verdaderamente estamos apostando al futuro de Puerto Rico?

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