Carlos J. Rodríguez Mateo

Tribuna Invitada

Por Carlos J. Rodríguez Mateo
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Apoyo a nuestros pescadores

Desde 1941, la pesca comercial en Puerto Rico se vio como una actividad económica. Se comenzaron a realizar “viajes de pesca exploratoria” en las aguas alrededor de la isla. Muchas cosas han pasado desde entonces. En 1958, se establecieron varios programas de crédito pesquero con préstamos para la compra de motores y, para 1963, ya se estaba comenzando el desarrollo de centros para la compra venta de materiales y de equipos de pesca y programas de instalaciones mínimas para pescadores, o sea, las conocidas villas pesqueras. 

Con el tiempo la pesca fue, para muchos, la actividad de salvación para buscar el sustento en épocas de vacas flacas. Muchas familias de las costas, con la ayuda del gobierno, los trabajitos temporeros y la pesca pasaban los tiempos adversos que se presentaron. 

El pasado parece que se revive y vemos a muchas personas, nuevamente, pescando en las orillas de las costas y en los puentes de las desembocaduras de los ríos al mar. Sin embargo, la realidad que nos presentan los pescadores comerciales es que ya el recurso de la pesca no parece ser lo suficiente para atender las necesidades de los que se dedican a esta actividad como modo de vida. Y muchas son las razones para esto. 

Muchos pescadores, de la llamada vieja guardia, entienden que la sobre pesca tiene gran peso en esto. Eso los ha llevado a aventurarse, cada día, a ir más lejos de nuestras costas en la búsqueda de la pesca. Pero también, los altos costos del combustible para sus embarcaciones y otros costos de producción han afectado sus salidas al mar. A todo esto, se suman las regulaciones pesqueras traídas por el gobierno federal y el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) sobre las artes de pesca y sobre muchas especies tropicales que protegidas por vedas y prohibiciones de pesca limitan esta actividad. 

Nuestros pescadores se enfrentan a la poca ayuda que reciben del gobierno, en especial del Programa de Pesca del Departamento de Agricultura, que casi ya no existe estructuralmente y que es el que tiene la función ministerial de velar y promover el sector pesquero como una actividad de producción. 

He visitado muchas villas pesqueras y grupos de pescadores para conocer, de primera mano, esto que les he indicado. Es importante destacar que en nuestra isla todavía existen más de 30 comunidades costeras pesqueras.  Los llamados “trabajadores del mar” están conscientes que las capturas de peces y mariscos han disminuido con los años y que hay que ir más lejos para conseguir buena pesca. Pero también están bien conscientes que es vital proteger y mantener el recurso pesquero en buena condición para que las futuras generaciones pueden pescarlo.

Ante todo, esto me parece saludable y necesario que comencemos a hablar ya, sin dilación, sobre la relación entre la pesca, los pescadores y el gobierno. Como consecuencia, presenté el Proyecto del Senado 1014 para establecer una nueva Ley de Pesca que se atempere a la realidad actual del sector. Con esto, queremos hacer los cambios necesarios para proteger el recurso pesquero, la industria pesquera y a los pescadores de las injusticias del pasado. Y, muy especialmente, diferenciar al pescador comercial del pescador de fin de semana o de diversión. Otra de las cosas en que hemos hecho énfasis en la nueva ley es en aclarar que cuando se detecta una violación en la captura de especies, no se confisquen todas las capturas realizadas por el pescador y que solamente se incaute la especie que se capturó en violación de la ley.  Esto es bien importante para evitar las injusticias que se cometían en el pasado.

También con esta nueva ley hemos aumentado la participación de los pescadores en la toma de decisiones que se dan dentro del DRNA que afectan a su sector al incorporar representantes de cada uno de los distritos pesqueros de la Isla que se crean. Todos los pescadores de Puerto Rico tendrán una voz en la Junta Asesora de Pesca.

Es necesario que apoyemos el esfuerzo de nuestros pescadores, comprando el producto fresco que nos traen día a día a los más de 90 centros pesqueros alrededor de la isla y reduzcamos la competencia de productos congelados provenientes de otros países. La actividad económica que se desarrolla por la pesca es el principio de un efecto dominó que ayuda en los pueblos costeros a sostener los negocios de restaurantes, friquitines y pequeños lugares de comidas., lo que a su vez crea empleos y beneficios a los municipios.

No podemos olvidarnos que somos una isla, que el mar nos provee alimentos y que son los pescadores los trabajadores que cosechan esa producción del mar.

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