Edwin Sierra González

Buscapié

Por Edwin Sierra González
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A precio de tiniebla

Hace ya más de 40 días que el huracán María destrozó esta colonia en estado comatoso. Sí, una coma por partida doble: la centenaria coma política que nos sigue hundiendo y la, cada vez más prolongada, agonía económica que no da visos de recuperarse en unas cuantas vidas.

Dentro de ese panorama desastroso ha caído en la palestra pública un nuevo escándalo: el contrato de energía eléctrica, al pececito blanco, que le desangra al erario colonial la insignificante, nótese la ironía, cifra de $300 millones. Ustedes saben, unas limosnitas bendito.

La indignación colectiva no se ha hecho esperar. La turbia asignación del contrato, los excesivos costos, la inexperiencia de la empresa contratada, los vínculos presidenciales y republicanos, los favores a los amigos del alma y hasta confrontaciones y amenazas hacia funcionarios electos han sido la orden del día.

El remezón ha sido tal, que la prensa estadounidense ha hecho eco del regalito millonario. Y eso no es cualquier cosa, porque que le presten atención a esta colonia desahuciada no es muy recurrente. El que se ordenen investigaciones en diferentes foros y frentes debe dar la señal de alerta sobre qué se está haciendo con el dinero que se recibe, no sólo de la metrópolis, sino también de aquellos que, generosamente, han donado de sus propios recursos a la recuperación del país.

La fiscalización feroz debe ser la orden del día con todos los recursos disponibles. Basta ya del estribillo mesiánico de que Puerto Rico se levanta, si lo que se hace es defalcar más las heridas arcas de esta colonia. Una linda visión, sin tomar las acciones correspondientes, es una linda fantasía.

La cabeza del ejecutivo se ha desvinculado de las acciones dudosas que rodean este golpe millonario, pero esa no puede ser la costumbre. Se debe saber a quién se le deposita la confianza y las decisiones del gobierno. No queremos encontrarnos nuevamente con un poder ejecutivo ciego, desprevenido y sorprendido, que desconocía las acciones corruptas e inaceptables de sus secretarios y subordinados. No podemos tener la mala suerte de recibir el mismo rayo dos veces. O tal vez sí, a fin de cuentas, la luz que esperamos, la negocian a escondidas entre tinieblas.

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