Mayra Montero

Antes que llegue el lunes

Por Mayra Montero
💬 0

Apriete más, gobernadora, más

Los chinos no pueden con los italianos. Eso ya lo dijo el nieto de Gengis Kan, Kublai Kan, que conquistó China, la gobernó a lo mongol durante algunos años, y le cupo el privilegio de recibir a Marco Polo, el famoso mercader veneciano que hacía lo que le daba la gana. Le aconsejaban que no fuera por allí, y allá iba él, a juntarse con monjes y tipos cenicientos que solo comían carne cruda. Le advertían que no se metiera en tal o mascual lago, y eso bastaba para que se hiciera llevar en junco a la otra orilla.

Total, que tampoco le fue mal. Marco Polo vivió hasta los 70 años, y murió en su ciudad natal. En el lecho de muerte aseguraba que no había contado ni la mitad de las cosas que había visto.

Me he acordado de Marco Polo, o más bien de Kublai Kan —que se desesperaba con las desobediencias del veneciano— al leer lo que han dicho los expertos chinos que están en Lombardía, ayudando a mitigar el trágico fenómeno que ocurre en esa zona de Italia.

El vicepresidente de la Cruz Roja de China, Yang Huichuan, jefe del equipo de especialistas, está asombrado de la cantidad de gente que ve en la calle, cuando se supone que no vea a nadie, o casi nadie. “El transporte público está funcionando”, se horroriza Huichuan, refiriéndose a Milán, “y todavía hay cenas o fiestas en los hoteles”.

No nos diga nada, señor Huichuan. Aquí los adolescentes y jóvenes que viven en urbanizaciones cerradas, o en apartamentos de residenciales públicos, bastante apartados de la vigilancia de los cuerpos de seguridad, han hecho sus convites, atenidos a que el virus parece que a ellos no les afecta casi nada. Pero sí a sus padres, y a los mayores que se relacionen con sus padres, como abuelos o vecinos, en una cadena peligrosa.

No se puede vigilar a toda hora cada casa. Menos en Puerto Rico, donde no hay controles militares como sí los hubo en China o en Corea, lugares donde el número de contagios ha ido mermando extraordinariamente. Por lo tanto, hay que apelar a la responsabilidad de los adultos, de los padres o tutores: las “reunioncitas” en las casas pueden convertirse en diminutos “epicentros”, no importa lo inofensivas que parezcan. No importa tampoco lo saludables que se vean los muchachos.

“En el área más golpeada por el virus, la gente no lleva mascarillas”, desgrana su rosario de quejas el funcionario chino al referirse a Italia.

Hay países del Tercer Mundo, creo que lo comenté en uno de mis podcasts, en que la gente está fabricando sus propias máscaras, comunidades enteras guiadas por tutoriales de internet. A estas alturas, nadie debería entrar a un supermercado o a una farmacia sin una protección para nariz y boca, aunque no sea de las famosas N95, que son las máscaras recomendadas, pero que no están disponibles ni lo estarán en el futuro próximo. Es una de las medidas que debe promulgar el gobierno de Puerto Rico: el uso de máscaras, de las comerciales o de las hechas en casa. Nadie debe entrar a un comercio, del tipo que sea, a boca descubierta. La gente que tenga alguna habilidad para la costura puede ganarse un dinero cosiéndolas y mercadeándolas. No es que se recomienden para que no entre el virus, que ya es sabido que se cuela por agujeritos microscópicos, sino que sirven como barrera entre las manos y la tendencia que tenemos a tocarnos la cara. ¿No han notado que de un tiempo a esta parte nos pica más la nariz?

La pandemia es un desafío de día en día. En algunas ciudades se ha determinado que quienes paseen a sus mascotas no podrán separarse más de 200 metros de sus viviendas. Y otra medida fuerte, implantada en China, en Corea y en Israel, es controlar los movimientos de la gente mediante la localización de sus celulares. Como el confinamiento domiciliario con grillete electrónico.

Pavoroso. Intimidante. Inconstitucional. Sí. Pero se me figura que más pavoroso, intimidante e inconstitucional es dejar que un médico decida quién tiene más posibilidades de sobrevivir; a quién debe salvar prodigándole respiración asistida, y a quién dejará morir, o salvarse de puro milagro. Eso ya está ocurriendo en Europa.

Los chinos, que nunca se han distinguido por ser muy condescendientes en materia de derechos humanos, ahora le dicen al mundo que la disciplina y el amarrar cortito es la única forma de evitar contagios irrefrenables que acaben con la vida de cientos de miles, o acaso millones de personas. Y vamos a tener que hacerles caso. En Madrid, los hoteles de lujo se convierten en hospitales. Las residencias de ancianos, vulnerables como ningún otro lugar, son revisadas por militares entrenados para hallar signos de contagio o mal manejo en la higiene. Tocan a la puerta y entran. Al que le guste bien, y al que no le guste que estornude.

En los vehículos, solo se le permite viajar al conductor, a menos que esté transportando a una persona impedida. No pueden ir tres o cuatro en un carro. Aquí tendrá que ser igual.

Hacer el Marco Polo, jugándole la cabeza al emperador mongol, era posible hace 800 años. Ahora estamos globalizados, volando de un lado para otro, y si la gobernadora no nos aprieta más, caeremos antes de volver a Venecia.

Otras columnas de Mayra Montero

domingo, 5 de abril de 2020

Coronavirus y vida sexual (de los gatos)

Mayra Montero reflexiona, en su característico estilo, sobre algunas prohibiciones impuestas en este periodo de emergencia y cómo algunas pueden terminar haciendo más daño que bien

domingo, 29 de marzo de 2020

Lo que no nos mata

Esta pandemia a lo mejor desaparece con la misma rapidez con que se apoderó del planeta. Dicen por ahí que lo que no nos mata, nos hace más fuertes. Y yo creo que no. Lo que no nos mata, nos deja vivos, que ya es suficiente, escribe Mayra Montero

domingo, 15 de marzo de 2020

Ni un barquito de papel

Sépanlo en Turismo, ni un barquito de papel debe pasar por debajo del radar aquí. Ya el daño parece que está hecho. Pero se pueden evitar males mayores, dice Mayra Montero

domingo, 8 de marzo de 2020

¿Se acuerdan de aquella sopa para el alma?

Todo el mundo descansa en la tranquilidad de que “todavía no ha surgido el primer caso”. Pues sí, esa es una buena manera de vivir de espaldas a la realidad. No hay pruebas, no hay caso. Hasta que tarde o temprano la evidencia nos sacuda, dice Mayra Montero

💬Ver 0 comentarios