Fernando Cabanillas

Tribuna Invitada

Por Fernando Cabanillas
💬 0

¿A qué se debe mi cáncer de mama?

Al escuchar esta pregunta, el médico le explicará a su paciente las diferentes causas del cáncer de mama, tales como los factores hereditarios o el uso excesivo de hormonas para combatir los síntomas de la menopausia. Pero la contestación más común suele ser ésta: “En su caso, no puedo darle una buena explicación”.

Y es que la mayoría de las veces la razón es muy simple: las células normales del seno, al dividirse y replicar su ADN, cometen un error. Ese error o mutación al azar es lo que las convierte en células cancerosas, pero por fortuna casi siempre la propia célula es capaz de reparar su falta. Este fenómeno puede ocurrir varias veces todos los días. En otras palabras, todos los días nos da cáncer y todos los días nos curamos solos. Únicamente cuando la célula no logra reparar el daño, entonces gana el cáncer la primera de varias batallas.

Al ocurrir esto, se activa el segundo frente: nuestras “defensas”, entiéndase el sistema inmune, que es capaz de identificar y aniquilar esa célula cancerosa. No obstante, ocasionalmente todos estos sistemas fallan, permitiéndole así a las células malignas evadir todos nuestros escudos. Este proceso es como una lotería, o quizá realmente debería decir como una ruleta rusa. Desde luego que esta última explicación satisface a pocas mujeres y al llegar a casa acuden al Dr. Google. Al no encontrar una simple solución ahí, proceden a una búsqueda más exhaustiva en internet y finalmente terminan en las redes sociales. Ahí, sin duda, encontrarán diversas explicaciones. Veamos.

Hace dos semanas tuve la ocasión de dar una charla en el Colegio de Abogados. Durante la sesión de preguntas, surgió el tema de las mamografías, a las cuales se les ha atribuido un efecto cancerígeno. Me percaté de que algunas mujeres perciben que la radiación emitida durante la mamografía es lo que les ha causado su cáncer de mama. Pero con los equipos radiográficos modernos y bien calibrados, la cantidad de radiación recibida es tan mínima, que equivale a lo que una persona recibe del medio ambiente durante un periodo de tres meses. También hay quienes piensan que las mamografías, al aplastar el seno, pueden causar “una acumulación de toxinas” que les provoca un cáncer. Igualmente existe la creencia de que ese breve aplastamiento puede causar que un pequeño tumor se disemine por el cuerpo. Otra leyenda urbana es que los sostenes con varillas también causan una acumulación de toxinas cancerígenas. No hay absolutamente ninguna veracidad detrás de estas creencias. De modo que el verdadero peligro no yace en las mamografías como tal, sino en que estas falsas ideas ocasionan que muchas mujeres eviten hacerse mamografías.

Preocupadas por el falso peligro de este estudio, piensan que la sonografía es preferible porque no emite radiación y no aplasta el seno. Debe quedar absolutamente claro que la sonografía no es un método aceptable para la detección temprana del cáncer de mama. El uso correcto de la sonografía es como complemento a la mamografía y no como sustituto.  

Mucho más preocupante es la patraña orquestada por varios farsantes que han intentado engañar al público alegando que la mamografía se debe sustituir por otra técnica conocida como la termografía, que no emite radiación. Falsifican datos diciendo disparates tales como que “una mamografía emite una cantidad de radiación equivalente a mil placas de pecho”. Otros pregonan que la termografía es una mamografía libre de dolor, ya que no aplasta el seno, mientras que los más fantasiosos sostienen que esa técnica es capaz de detectar el cáncer de mama 10 años antes que la mamografía. La termografía en este momento no ha sido comprobada como efectiva en la detección temprana del cáncer de mama, pero si en algún momento se comprueba su eficacia, debo señalar que los proveedores que actualmente interpretan esas imágenes en Puerto Rico no tienen el debido adiestramiento. Es inexplicable que la Junta Examinadora de Médicos permita a estos personajes practicar la medicina. Pero algunos no son ni médicos, mucho menos expertos en imágenes. Se autodenominan naturópatas, aunque no explican dónde está la parte natural de una máquina de termografía.

Un correo electrónico que lleva circulando ya diez años en las redes, relata los peligros del agua embotellada en plástico, en especial el riesgo de contraer cáncer de mama. En este email nos advierten que, si se nos queda una botella de agua en el carro y ha estado expuesta a temperaturas altas, no debemos tomarla porque la dioxina del plástico se disuelve en el agua, contaminándola. También dice que no debemos calentar en el microondas ninguna comida en contenedores plásticos, ni calentar agua o congelarla en botellas plásticas. Aseguran que “han encontrado estas toxinas en el tejido mamario” y terminan diciendo: “¡Este es el tipo de información que necesitamos saber y que puede salvarnos!”.  La mayoría de estos correos vienen falsamente endosados por entidades prestigiosas, comúnmente por la “Universidad de John Hopkins”. El nombre correcto de esta universidad es Johns Hopkins, así que esto instantáneamente delata la falsedad del mensaje. Aparte de eso, ¿cuánto hay de cierto en el peligro del plástico?

Las botellas de plástico utilizadas para envasar el agua potable en los Estados Unidos son estrictamente reguladas por la FDA y sujetas a los mismos estándares de seguridad que los aditivos alimentarios. Eso no quiere decir que el agua vendida en botellas de plástico esté cien por ciento libre de toxinas. Por ejemplo, estudios realizados sobre agua embotellada encontraron trazas de sustancias potencialmente peligrosas que habían migrado aparentemente del plástico hacia el agua. Pero lo importante es que esas cantidades son minúsculas. Uno de los fundamentos esenciales de la disciplina de toxicología es que “la dosis es lo que hace el veneno”. La dioxina en cantidades minúsculas no es un veneno. El mejor ejemplo de este principio es el Botox, que se compone de la toxina más potente que existe en la naturaleza: el botulinum. Sin embargo, en las dosis minúsculas que se usan en cosmética, esta potente toxina se convierte en la gloria y felicidad de las mujeres ya mayorcitas, y también de algunos hombres presumidos.

¿Y que les puedo contar de las mujeres que usan bicarbonato de soda en las axilas en vez de desodorantes comerciales? Pues aparte de que ustedes ya saben el resultado inmediato, porque el bicarbonato no es buen desodorante, estas mujeres están convencidas de que los antitranspirantes causan cáncer de mama. Otro mito. El Comité Científico de la Unión Europea, que evalúa productos del consumidor, juzgó todos los estudios disponibles acerca de este tema y emitió una opinión unánime: no existe evidencia científica acerca de esa relación.

Como oncólogos habremos fracasado al no poder explicarles bien la causa de cada cáncer de mama a nuestras pacientes, pero podemos triunfar si logramos transmitirles que pueden acudir con tranquilidad mental a aplastarse los senos, perfumadas con desodorante comercial, bien hidratadas con una botella plástica llena de agua en la cartera, y sin las ansiedades ocasionadas por los cientos de correos engañosos que circulan diariamente en las redes.

Otras columnas de Fernando Cabanillas

domingo, 3 de septiembre de 2017

¿A qué se debe mi cáncer de mama?

El doctor Fernando Cabanillas argumenta sobre las explicaciones médicas en torno a la causa del cáncer del seno y la práctica de pacientes de buscar razones más allá de las expuestas por sus galenos

domingo, 20 de agosto de 2017

Otro golpe a la medicina alternativa

El doctor Fernando Cabanillas comenta sobre conocimiento nuevo en torno a la aplicación de alternativas a la medicina tradicional

💬Ver 0 comentarios