Joel Villa Rodríguez

Punto de vista

Por Joel Villa Rodríguez
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¿A quién le toca detener la corrupción y la impunidad?

Cuando las personas tienen problemas, no necesariamente estos pueden ser observados como asuntos que afecten a los demás componentes de la sociedad. Son cuestiones que se pueden resolver de forma individual o por ellas mismas. Hay otros problemas que sí afectan de forma directa e indirecta a la mayoría de los miembros de la sociedad. Ante tal situación todas las personas piensan o sienten que se debe hacer algo. 

Por ejemplo, hay comportamientos inmorales que son tolerados por gran parte de la sociedad; aunque hay otros que son intolerables. Quien legisla debe observar los primeros y mediante legislación controlar los últimos. Es decir, cuando gran parte de los miembros de la sociedad se plantean, preguntan y esperan a que se haga algo, ahí es que los legisladores deben hacer precisamente su trabajo. 

El cáncer mayor de Puerto Rico, que genera otros enormes problemas sociales, es claro: la corrupción. Los dos principales partidos políticos tienen una irreversible crisis moral y ética. Se ha llegado a un nivel en que son tan evidentes las acciones inmorales, poco éticas y criminales, que los puertorriqueños saben que se debe hacer algo; aunque desconocen quiénes deben hacerlo y tienen demasiadas esperanzas en las autoridades federales. No hay duda de que sin ellas no hubiese ni un solo arresto de los políticos que nos han fallado; aunque no tienen los recursos como para detener a quienes se encuentran destruyendo al país mediante actividades inmorales y antisociales.

El caso de Abel Nazario muestra cómo funciona nuestra cultura política y sería una buena línea para su defensa. Si fueran a encerrar a todos los que cometen ese delito, entonces habría que cerrar La Fortaleza, las dos cámaras y las agencias públicas que rinden servicios en Puerto Rico. Los legisladores deben crear leyes para vigilar por los intereses de la sociedad puertorriqueña, aunque es claro que ello no se ha estado haciendo y más dentro de la presente administración. El trabajo de ellos ha sido llegar al poder para servirse, que es corrupción, y utilizar sus influencias para mantenerlo.  El cáncer de la corrupción está institucionalizado y llegamos a un momento en que puede ser visto peligrosamente como normal. El fenómeno genera serios problemas sociales que destruyen nuestra calidad de vida y convierten a la Isla en un lugar inhóspito. 

Las legislaciones vigentes son vulnerables frente a los distintos esquemas o estrategias de los corruptos que hacen difícil prevenir, frenar y castigar sus conductas. Los actos de corrupción se hacen en colaboración entre personas: unos tapan a otros o se deben favores. Si bien las autoridades federales no tienen los recursos para encerrarlos, los legisladores no legislarán para que luego se les encierre. Los cabros se encuentran vigilando las lechugas. Sabemos ello y seguimos pensando que se debe hacer algo, aunque no tenemos claro qué.

El famoso chat, que llevó a la famosa huelga, puede hacernos replantear por qué tenemos un sistema constitucional que nos faculta para realizar protestas frente a cualquier sector, incluyendo a la maquinaria estatal. La huelga fue exitosa porque así se logró sacar del poder a unos individuos que claramente no servían a los intereses de nuestra sociedad. Lo preocupante es que artistas de renombre convocaron y estuvieron presentes entre los huelguistas. No es que esté mal, sino que lleva a preguntarse si gran parte de las personas se movieron por su influencia y no por sus propias convicciones. Es decir, protestar pudo ser una moda y los verdaderos huelguistas, conocedores de los problemas que van más lejos del chat, solo se unieron a la masa.

El objetivo se logró y todos saben cómo se pueden lograr cosas si las personas se unen. No quisiera dañar ese recuerdo, pero todavía siguen personas iguales o peores dentro de la maquinaria estatal. Estamos en una época de crisis y no hay mal que por bien no venga. En ella es posible observar cómo unos exlegisladores son ahora consultores y ganan enormes sumas de dinero. También se pueden ver los jugosos salarios de los jefes de agencia, los contratos por amiguismo y por consanguineidad. Es obvio el despilfarro de dinero en las distintas agencias del gobierno. Por ejemplo, las cuantiosas sumas de dinero por servicios de consultoría en la Autoridad de Energía Eléctrica. Además, se dan actos de corrupción tan claros e impunes como proyectos que no van a subastas o dentro de ellas se escoge a quienes cobran más, con poca o ninguna experiencia. 

Partiendo de lo antes dicho, no está en manos de los políticos y tampoco de las autoridades federales combatir eficazmente a los corruptos. Les toca a los puertorriqueños salir a las calles y exigir que renuncien. En igual forma, se deben crear leyes que prevengan los actos inmorales, poco éticos e ilegales por parte de los funcionarios públicos elegidos para servir y no servirse. Sin ello no veremos luz al final del túnel. 

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