Manuel Martínez Maldonado

Punto de vista

Por Manuel Martínez Maldonado
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Arde el mundo

Hemos entrado al 2020 con la espada de Damocles sobre nuestra cabeza: es año de elecciones aquí y allá. Pero es allá donde hacen lo que les convenga con nosotros. Los billetes los que hablan. Lo muestra ese sarcasmo llamado Promesa. Un complot es la privatización de la AEE, quebrada sin duda por un truco neoliberal: hacer fracasar lo que se ha de privatizar. ¿Cuándo ese sea el caso, qué usaremos como combustible? ¿Alguien sabe si cuatro compañías que están licitando han de recurrir al sol y el viento para abaratar costos a la larga? Son los métodos más baratos que existen para generar energía. Que el gobierno y los futuros candidatos a la gobernación estén mudos, es mal augurio. 

Si hay un lugar ideal para ir destetándose de combustible que genera CO2 (es lo que atrapa el calor en la atmósfera), es esta isla. No hacerlo es un crimen. Aunque pequeños, estamos insertados en el mundo a través de nuestra gente talentosa en muchos campos y nuestra presencia en Estados Unidos. Si queremos que se nos reconozca aún más como país tenemos que hacer lo que hacen los países inteligentes: creer en la ciencia y en el peligro que el calentamiento global significa para la humanidad.

El 2019 fue el segundo año más caliente desde que comenzó el antropoceno. Una de sus manifestaciones fue que ardieron Australia, California y el Amazonas, aunque por distintas razones. En el continente austral y en California, los fuegos forestales comenzaron cuando la combinación de bajísima humedad y temperaturas de 107 grados causados por el calentamiento causaron fuegos espontáneos. Se calcula que en el sureste australiano murieron un billón de animales y hubo que desplazar a miles de personas de sus viviendas (NYRB, 20 de marzo 12 de 2020). 

Mientras tanto, en el Amazonas, el demente presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, sin mostrar pizca de remordimiento, mucho menos entendimiento de lo que hizo para empeorar la situación, deforestó y quemó el equivalente a 1,740 millas cuadradas del pulmón del globo entre 2017-2019; 85% de ese “ecocidio” tuvo lugar en 2019. 

Pero el colmo es la acción de alguien a quien admiramos por otras razones: Evo Morales, quien hasta el 5 de octubre de 2019 (El País, de esa fecha), quemó cuatro millones de hectáreas (más que el tamaño de Suiza) de bosques de gran biodiversidad en la llanura boliviana. No se sabe qué les ha pasado a los indios ayoreo que espontáneamente se han asilado cerca de la frontera entre Bolivia y Paraguay. Es descabellado que la idea es (¿era?) convertir el área en pastos para ganado. Eso añadiría metano a la atmósfera y empeoraría el calentamiento de la atmósfera. 

La falta de entendimiento del proceso del calentamiento ha causado que se busquen “soluciones para atrapar el CO2”, cuando lo que hay que hacer es dejar de producirlo. Pero los grandes productores de petróleo y gas tienen en su bolsillo a los de allá y, sin duda, a los de aquí también. Voten bien y hablen bien con sus familiares allá.       


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