Emilio Pantojas García

Tribuna Invitada

Por Emilio Pantojas García
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A reconstruir la UPR

El gran ganador de la huelga de la UPR es el gobierno de Ricardo Rosselló. Sin mover un dedo y con su mantra de respeto a la autonomía universitaria, desgastó a estudiantes y sindicalistas. El Gobernador siguió el dictamen de León Tolstoi, según el cual el tiempo y la paciencia son los dos guerreros más poderosos.

Declarar una huelga indefinida fue entrar en la lógica del desastre. Como dije en mi columna del 28 de marzo, justo al principio de la huelga: cerrar la Universidad era exponerse al suicidio político.

Aquí estamos: finalizada la huelga el recorte de $300 millones aumentó a $512; el recorte inmediato aumentó de $149 at $201 millones; los profesores por contrato quedarán sin empleos en agosto, en tanto que por cada 1,000 estudiantes que no se matriculen o se trasladen de la UPR a instituciones privadas se necesitan 83.3 profesores menos. La Universidad está descabezada, el Recinto de Río Piedras no tiene Rector/a, no hay presidente/a y la junta de síndicos cuenta con 8 vacantes. El partido de gobierno no tendrá ningún problema en llenar las vacantes, no habrá que hacer lo que hizo el Partido Popular en 2013 derogando la Junta de Síndicos y tomando el control de la institución mediante la creación de una Junta de Gobierno. No, sólo procederán a cumplir con su deber ministerial y llenar las vacantes.

La huelga no tuvo logros, dejó sólo pérdidas, el campus está destruido, sin agua ni electricidad, y las bibliotecas, salones y oficinas saturadas de hongos. Los líderes del movimiento estudiantil, en su obstinación por el control total, no tuvieron tan siquiera la visión para permitir que se diera mantenimiento a las facilidades.

Un volante repartido en la quinta asamblea proclama los logros de la “Gran Huelga de 2017”. La historia no será tan generosa con este evento como sus actores principales quisieran. La UPR como la conocemos no se levantará jamás. Hombres y mujeres jóvenes que transitan por la Universidad entre cuatro y seis años, para luego continuar con sus carreras y sus vidas, han causado daños irreparables. Nos toca a los que hemos trabajado por décadas en y por la institución asumir su reconstrucción y reestructuración. Lo hacemos con gozo y con compromiso, como caribeños estamos acostumbrados a que tormentas y huracanes destruyan para volver a ponernos de pie. ¡A reconstruir!

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