Irene Garzón Fernández

DE PRIMERA MANO

Por Irene Garzón Fernández
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A reexaminarlo todo

Más que cualquier otra cosa, lo que el epílogo del huracán María ha puesto a prueba es la paciencia de los puertorriqueños.

Somos un pueblo paciente en extremo, que nadie lo dude. Se han reportado algunos incidentes de saqueo, es cierto, pero violencia generalizada, como la que ocurre en tantos otros países en situaciones de emergencia, sigue siendo ajena a nosotros.

Pero esa paciencia tan propia del boricua puede agotarse en cualquier momento porque nueve días después del azote del huracán, la percepción generalizada es de que el gobierno ha avanzado muy poco en el ordenamiento de las prioridades y mucho menos en la ejecución.

Nada justifica que se haya esperado tanto tiempo por la intervención de los que saben de logística y estrategia, que son los militares. Si Puerto Rico es un territorio de Estados Unidos, sujeto a los poderes del Congreso, ¿por qué no se hizo cargo Washington del desastre tan pronto ocurrió?

Nunca habíamos sufrido una catástrofe de esta magnitud, lo que significa que ni el gobernante más ducho hubiera tenido la experiencia suficiente para lidiar adecuadamente con la emergencia, comparable únicamente al huracán Harvey en Texas y al huracán Irma que depositó su furia en el Caribe oriental antes de azotar duramente a Cuba y Florida tras afectarnos a su paso muy cerca del norte de Puerto Rico.

Al amanecer de este jueves, el panorama comenzaba a aclararse en cuando a la coordinación de las tareas, aunque el País seguía sin luz, en gran medida sin agua ni telecomunicaciones y, en las carencias más dramáticas, sin gasolina, diésel ni dinero en efectivo, que nos recordó al notorio "corralito" argentino de principios de siglo. Confiamos en que la intervención de expertos federales, tanto militares como civiles, empiece a reflejarse prontamente.

Energizar al País para reanudar la actividad económica es prioritario. Por eso, además del área de la salud, con su multiplicidad de problemas, es urgente normalizar el tráfico aéreo comercial, doméstico e internacional.

A la par de la coordinación efectiva y la ejecución eficiente, es esencial la información. Los ciudadanos no necesitan que el gobierno les cuente cada día que hemos sufrido el peor desastre de nuestra historia, eso es obvio y lo sabemos todos.

Necesitamos que se nos informe cada día lo que se está haciendo, el progreso de cada tarea, el porcentaje de recuperación de luz, agua, telecomunicaciones. En fin, necesitamos datos confiables.

Ha sido enorme la contribución de los medios de comunicación en el esfuerzo. Los que han mantenido informado al País por radio, televisión (aunque muy limitadamente), y a través de medios digitales como endi.com y primerahora.com. El Nuevo Día y Primera Hora impresos, que se están distribuyendo como cortesía, han mostrado imágenes desgarradoras de la devastación y nos han mantenido informados.

Ahora nos toca reconstruir un país que ya estaba tocado por la crisis fiscal. Corresponderá a la Junta de Supervisión Fiscal reexaminarlo todo y al Congreso y al Presidente de Estados Unidos flexibilizar las exigencias que se nos habían planteado y que no podíamos cumplir antes, mucho menos ahora.

Sobre todo, nos toca mantenernos firmes en el propósito común de salir adelante. Que a la paciencia que nos caracteriza le agreguemos ahora una buena dosis de perseverancia para lograrlo.

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