Leticia Amato

Punto de Vista

Por Leticia Amato
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Argentina: ¿y por casa cómo andamos?

El último domingo de octubre se realizaron las elecciones presidenciales en la República Argentina y, más allá del resultado obtenido, algunos otros datos, que no son, precisamente, los que resultan más evidentes, siembran una serie de interrogantes que nos invitan a reflexionar en profundidad: ¿Cómo se construye conciencia? ¿Cómo se transforma la realidad? ¿Cómo se alimenta la cultura política de una sociedad? ¿Cuáles son los límites que halla la gobernabilidad?

Vale decir, las elecciones presidenciales en la Argentina nada nos revelarán si no las contemplamos, además, en su contexto histórico y como parte de una coyuntura regional particular.

En este sentido, podemos pensar que las manifestaciones en las calles de Chile (reprimidas violentamente con dispositivos estatales similares a los empleados durante la dictadura militar de Pinochet) son producto de la profundización sistemática de la brecha que separa a los sectores más poderosos de los más desfavorecidos, en términos económicos y sociales. ¿Cómo se explica que esta misma sociedad que hoy explota en las calles, apenas ayer legitimó mediante el voto —y luego reeligió— a quien llevó adelante la aplicación ininterrumpida de políticas neoliberales?

Sin embargo, antes de Chile, fue Ecuador el país que estuvo en el ojo del huracán cuando, otra vez, los sectores más vulnerables de la sociedad también fueron reprimidos al expresarse en contra de la política de ajustes, recortes y aumentos ejecutada por el gobierno constitucional, aunque trazada por el Fondo Monetario Internacional (FMI). 

A su vez, previamente a los acontecimientos producidos en Ecuador, estuvo Brasil, cuyo presidente asciende al cargo gracias a las maniobras espurias de un sistema judicial constituido casi como un partido político y aliado al poder de las corporaciones mediáticas.

En medio de este complejo escenario, no podemos dejar de observar cómo la autonomía y autodeterminación de Bolivia se encuentra permanentemente amenazada.

Finalmente, en esta misma línea de análisis, el dato que aquí nos interesa visibilizar es que la contienda electoral en Argentina mostró, de manera alarmante y en coincidencia con una tendencia que se replica a nivel mundial, que (con más de 3.2 % de los votos) crecen los seguidores de la ultraderecha representada en estas latitudes, o bien por un candidato que otrora se desempeñó como militar golpista —hoy insólitamente blanqueado e integrado al sistema democrático electoralista— o bien por un candidato que expresa clara y explícitamente su voluntad de ensanchar los márgenes de desigualdad, imponiendo aranceles, por ejemplo, derechos básicos y elementales como lo son el acceso público a la salud y educación. Y esto sin mencionar claro, que el presidente saliente de la Casa Rosada, se lleva para su peculio la cuantiosa cifra del 40% del electorado.

Entonces, frente a estos datos de la realidad, es imposible soslayar el papel clave que juega el derecho humano a la información en el desarrollo y crecimiento de la cultura política de una sociedad. O en términos inversos, se evidencia la carencia total del mismo, cuando la conciencia colectiva de la sociedad es diezmada por parte de la maquinaria inagotable y despiadada de producción de mentiras organizadas y manipulación mediática de las corporaciones de la tecnología y la información.

El devenir histórico-social de Latinoamérica no deja de recordarnos que el poder del dinero se reacomoda, se detiene a tientas solo para generar mejores condiciones de posibilidad que le permitan continuar avanzando tanto en el plano cultural y simbólico de nuestros pueblos como sobre la propiedad concreta de los recursos de nuestra región.

 La autora es miembro de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTPBA) y de la Federación Latinoamericana de Periodistas (Felap)


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