Ana Helvia Quintero

Tribuna Invitada

Por Ana Helvia Quintero
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A romper el círculo de la pobreza

En un reciente artículo titulado “No cede la pobreza infantil”, publicado en este diario por Benjamín Torres Gotay, se informa que el nivel de pobreza infantil en nuestro país alcanza un 58%. El artículo reconoce que hay organizaciones sin fines de lucro, como los Boys and Girls Clubs, los Centros Sor Isolina y el proyecto Nacer que están dando un apoyo intensivo para mejorar esta situación, pero hace falta más, sobre todo del gobierno. Yo añadiría que hace falta un esfuerzo colaborativo, del gobierno, empresas, universidades, iglesias, en fin, de la sociedad en general para sobreponernos a esta situación que, en forma directa o indirecta, nos afecta a todos.

De hecho, los principales problemas del sistema educativo: la deserción escolar y el bajo aprovechamiento se dan mayormente en áreas de pobreza. Por ejemplo, en Puerto Rico uno de cada cinco estudiantes que comienza su primer grado no termina su cuarto año. Esta proporción aumenta a uno de cada dos entre los estudiantes de bajos ingresos económicos, o sea, la mitad de los jóvenes de este sector social no termina su escuela superior.

De acuerdo con datos del 2010, sólo el 6.7 por ciento de los empleos requerían un grado menor al de escuela superior. Por lo tanto, el no terminar la escuela superior destina al estudiante, en su gran mayoría, a mantenerse en el círculo de la pobreza. De hecho, la mayoría de las personas en las cárceles del país no han terminado su cuarto año. Por el bien de estas personas y el de nuestro país, es importante apoyarlos para que puedan lograr una educación que los prepare para integrarse a la fuerza laboral, ya sea como empleado o como emprendedor.

¿Puede la escuela mejorar su tasa de éxito con los estudiantes de sectores pobres? La respuesta es afirmativa y existen modelos exitosos en Puerto Rico.

Recientemente, junto a mi esposo, visitamos la Escuela Vimenti, una escuela alianza con el Boys and Girls Clubs que está desarrollando un programa con el fin de erradicar la pobreza infantil. Lo acertado del programa es que la escuela es parte de un centro de servicios integrados que atiende al estudiante más allá de lo académico, se trabaja con la familia, con el desarrollo emocional, con el desarrollo empresarial.

Diversos estudios sobre escuelas, con altas tasas de rezago de aprendizaje, y bajas tasas de retención y graduación, que han integrado servicios de apoyo dentro de la escuela han evidenciado incrementos significativos en la retención y graduación. Estos estudios demuestran que cuando los programas de servicios sociales y de apoyo a los niños y las familias se ofrecen aparte, no son tan efectivos. La integración concertada entre la escuela y servicios en el ámbito escolar es lo que ha producido mejoras en el aprendizaje, en la retención y graduación. Concluyen que “los servicios integrados al estudiante debe ser parte de cualquier reforma educativa”.

La escuela Vimenti está integrando los servicios sociales y económicos a la realidad escolar. El programa es muy reciente, pero ya ha tenido resultados positivos, tanto en el aspecto educativo como en conseguir emplear padres que estaban desempleados.

Sugiero que las universidades en un proceso de investigación en acción exploren cómo utilizar esta escuela como centro de aprendizaje para desarrollar en el sistema público escuelas con servicios sociales, de salud y de emprendimiento integrados al plantel. El objetivo es desarrollar la escuela como centro comunitario de servicios sociales. Se logrará fortalecer así la salud física y mental del estudiante, que sin duda se reflejará en mejorar su desempeño académico.

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