Lisandra Maldonado Rivera

Tribuna Invitada

Por Lisandra Maldonado Rivera
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A salvar los albergues de menores

El maltrato a menores es uno de los actos más crueles que un ser humano puede cometer. Lamentablemente estas deplorables acciones de violencia suceden con más frecuencia en Puerto Rico de lo que nos podemos imaginar.

De acuerdo a un estudio realizado en el 2015 por el Instituto de Estadísticas y el Departamento de la Familia, 9.6 de cada mil menores son víctimas de algún tipo de maltrato en la Isla. Para comparación, en los Estados Unidos la tasa apenas llega a 5, mientras que en Chile es de 6.3 y en Inglaterra 4.9.

El problema en Puerto Rico es real y se ha agudizado durante los pasados años debido a la crisis económica en que nos encontramos.

A la inmensa mayoría de los puertorriqueños se nos parte el corazón cada vez que vemos reseñado en un medio de comunicación algún caso de violencia en contra de un niño. El Estado tiene un rol protagónico en luchar contra este terrible mal social. Campañas de orientación y prevención ayudan, así como una más rápida intervención de las autoridades y penas más significativas para aquellos que comentan estos terribles actos son necesarias.

La sociedad también tiene mucho que aportar en esta lucha. Actualmente, alrededor de Puerto Rico existen decenas de alberges y hogares los cuales ofrecen alojamiento, comida, servicios médicos y educativos a cientos de menores maltratados de manera gratuita.

Como cientos de miles de puertorriqueños, estos alberges están recibiendo los embates de la peor recesión económica en nuestra historia. La carencia de recursos ha dejado a muchos de estos hogares al borde de cerrar sus puertas. Si eso sucede, el problema se duplicaría en cuestión de meses. Nosotros tenemos que brindarles la mano a estas instituciones, por nuestros niños, que son el futuro de esta amada Isla. La pregunta es, ¿cómo podemos envolvernos?

Existen muchas maneras de ayudar a mantener abierto estos hogares y una de ellas es proporcionando la ayuda y asistencia de forma voluntaria. Adoptemos un alberge. Esa es nuestra consigna. Adoptar un alberge es un modo de involucrarnos directamente en la solución del problema. Significa dar de nuestro tiempo, de nuestros recursos, para el bienestar de los más vulnerables: nuestros niños.

Hay muchas formas de materializar la ayuda a un hogar. Podemos donar horas a la semana para asistir en labores dentro de las facilidades. Aquellos que tienen un expertise como maestros, doctores y enfermeras, harían una gran diferencia si voluntariamente brindan sus talentos para servir a otros.  Otros pueden donar comida, libros, ropa, juguetes de manera que los niños pasan un mejor tiempo en estos lugares. Adoptar un alberge no es otra cosa que ayudar y eso es algo que nuestros niños siempre lo recordarán.

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