Bárbara I. Abadía-Rexach
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Asesinadas

Salí consternada de mi país. La violencia machista que arropa a Puerto Rico asusta. Sobre todo, frustra que el Estado se rehúse a declarar un estado de emergencia cuando se han reportado 24 feminicidios en 2018.  

Al llegar a Madrid, España, el taxista escuchaba una estación radial de noticias en la que varios comentaristas discutían el asesinato de la maestra de 26 años Laura Luelmo. Su cadáver dio indicios de que intentó defenderse de los golpes y la violación de su agresor.

A veces, agregarle los adjetivos vil, cruel y despiadado a la palabra asesinato, resulta redundante. Sin embargo, cuando escuchas las circunstancias en las que Luelmo perdió la vida, merece la pena nombrar que su asesinato fue violento, despreciable e infame.

En un bar sevillano, los empleados comentaban que ya nadie hablaría del pueblo de Huelva, en la región de Andalucía, por sus olivos y aceitunas. Mientras aseguraban que un asesinato como el de Laura no se repetiría, manifestaban que las mujeres ya no querrán salir solas.

En un restaurante andaluz, dos parejas debatían si se debe restituir la pena de muerte en España. Un hombre colérico describía lo que le haría a un violador asesino; lo mataría con sus propias manos. La madre de una infante, igualmente agobiada, insistía en que la pena de muerte no es la solución.

Escuchar sobre el caso de Laura Luelmo y ser testigo de la consternación ciudadana ante un asesinato poco común en España, me hacía pensar en el feminicidio de la estudiante puertorriqueña Valerie Ann Almodóvar Ojeda.

El 6 de agosto participé de una manifestación frente a la Oficina de la Procuradora de las Mujeres. Al igual que otras compañeras, me tiré al asfalto y cubrí mi cuerpo con una sábana blanca. Fueron cinco minutos de pavor. 

No puedo imaginar lo que vivieron Laura y Valerie Ann, en España y Puerto Rico.

Me toca insistir en que se deje de culpar a las víctimas, que se incorpore la educación con perspectiva de género en todas las instituciones del Estado y que se atienda la violencia contra las mujeres como un problema social reparable.  

Si matan a una, nos matan a todas.

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