Noel Algarín Martínez
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Asuntos de vida y muerte

Odia las entrevistas en medio de los partidos y las ruedas de prensa. Su humor áspero y seco como la corteza de un viejo árbol le ha ganado admiradores, pero también el terror de quienes son blanco de su cinismo y mirada volcánica si le formulan una pregunta ‘estúpida’.

Sin embargo, quienes conocen a Gregg Popovich, dirigente de los Spurs de San Antonio en la NBA, aseguran que ese personaje público no tiene nada que ver con la persona privada, que todo es una fachada. Dicen que detrás de ese señor gruñón y cascarrabias, se descubre a uno de los seres más inteligentes y solidarios de los círculos del baloncesto profesional.

A juzgar por la manera en que la familia de la NBA le ha abrazado tras conocerse que su esposa Erin falleció el pasado miércoles, es evidente que el hombre que apodan “Pop” es muy respetado y querido.

Popovich y Erin llevaban cuatro décadas juntos. Desde que asumió el rol de dirigente de San Antonio en 1996, tanto él como su esposa llegaron a convertirse en figuras importantes en la vida de jugadores como Tony Parker y Manu Ginóbili. La muerte de Erin, tras años de batallar con problemas de salud, llegó justo con el técnico de 69 años inmerso en la serie de playoffs de primera ronda ante los Warriors de Golden State, quienes la dominan 3-0.

La noticia acabó de dejar sin aire a una franquicia necesitada de un respiro. Popovich no dirigió el tercer partido de la serie el jueves para lidiar con su pérdida. Sus jugadores y staff de coaches, en una gran muestra de carácter y temple, salieron a competir ante Golden State ese día, pero en esas condiciones anímicas era imposible. La muerte de Erin era también su pérdida. Más que sobre una duela de NBA, todos hubiesen querido estar al lado del general que los ha dirigido en tantas batallas.

Entonces, la reflexión se impuso, la interrogante se ofreció sola: ¿qué es lo verdaderamente importante en la vida? Es el cuestionamiento que anida en la cabeza de Parker y Ginóbili. Es la pregunta a la que intentan dar sentido estrellas de la NBA como LeBron James.

“Sé que salimos a competir todas las noches. Pero pasa algo como esto y pone todo en perspectiva”, indicó James, un confeso admirador del piloto de los Spurs.

En el momento en que la NBA entra en su fase más competitiva, la muerte de una miembro de la familia deja a la liga con un profundo cuestionamiento existencial. De pronto, jugar baloncesto se siente insignificante.

No cabe duda de que el “show” de la NBA seguirá adelante. Pero si algo se puede extraer del impacto de la muerte de la esposa de Popovich en la liga y en sus componentes, es que por más intensa que sea la competencia, nunca debería ser una práctica que deshumanice y enajene. Porque si llega ese día, no importa cuántas victorias logren, cuántos trofeos ganen, cuántos millones sumen, estarán por siempre perdidos...

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