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Por Gazir Sued
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Ateología

Ser bueno o hacer el bien por temor a la cólera y al castigo de Dios tiene más de cobardía que de genuina bondad. Del mismo modo, ser bueno o hacer el bien solo por agradar a Dios para ser favorecido con riquezas en vida y recompensa de vida eterna tras la muerte, tiene más de hipocresía y de mezquindad mercenaria que de benignidad.

Asimismo, ser justo y ser honrado solo por miedo al poder vengativo de Dios o por mero interés personal en los privilegios del más allá, tiene menos de virtud moral que de sumisión irracional ante el terrorismo psicológico del poder religioso.

Desde la perspectiva intelectual atea, la bondad, la justicia y la honradez son conductas éticas enraizadas en valores humanistas racionales y no en temores imaginarios, expectativas ilusorias o deseos de satisfacción individual en un reino que no es de este mundo.

Para el pensamiento ateo, la religión —en todas sus dimensiones, hibridaciones y complejidades— es considerada —no como inofensiva manifestación cultural o como expresión irremediable de la naturaleza humana— sino como problema social y político, objeto de reflexión filosófica, investigación histórica y estudio científico.

Desde el posicionamiento ateo, la credulidad religiosa es matriz de violencias, físicas y emocionales, que inciden negativamente sobre la psiquis humana y las relaciones sociales. El sexismo, el machismo, la misoginia y la homofobia son ejemplos de violencias originadas, legitimadas y perpetuadas por ideologías religiosas.

Las repercusiones de fundamentalismos religiosos sobre los ámbitos jurídico-legislativo, médico y pedagógico, también son objeto de sospecha y crítica radical atea. Principalmente donde se (con)funden pecado, delito y locura.

Esta realidad no es exclusiva de estados teocráticos. En las sociedades democráticas, influyentes sectores religiosos resisten el desarrollo de los derechos humanos; menoscaban a conveniencia principios constitucionales; chantajean a líderes políticos y legisladores; se lucran de negocios fraudulentos; y son privilegiados con exenciones contributivas y eximidos de inspección fiscal…

Toda criatura humana nace atea. ¿Para qué estropear esa cualidad inculcándole prejuicios y supersticiones religiosas?

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viernes, 17 de agosto de 2018

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