Ismael Guadalupe

Tribuna Invitada

Por Ismael Guadalupe
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Aún no ha bajado el telón

Por generaciones, en Vieques siempre hubo resistencia militar. Desde la década de los cuarenta, a raíz de las famosas expropiaciones, cuando cientos de viequense se vieron despojados de sus casas, tierras y animales, el futuro de la población fue incierto. Entonces, la emigración fue el escape ante el atropello de los militares.

A partir de los años 50, y en las décadas siguientes, los conflictos violentos fueron la expresión reiterada de la juventud viequense, que rechazaba firme las agresiones del Ejército de los Estados Unidos.

Hubo eventos muy trágicos, como la muerte de Domingo Acosta y su hijo, al estallar una bomba por accidente, cuando el caballo que los acompañaba golpeó el artefacto explosivo oculto entre la maleza.

Luego ocurrió el asesinato de un anciano, apodado Mapepe, quien salió a defender a un menor viequense. Poco después, unos jóvenes tropezaron con otra bomba que también explotó y causó la muerte a Jesús “Chuito“ Legrand e hirió a otros.

El 19 de abril del 1999, un avión militar dejó caer una bomba que mató a un joven guardia civil que trabajaba en el Puesto de Observación Militar(OO). Su nombre era David Sanes, quien terminaba su turno en el lugar ese día. La bomba lo mató en el acto. Entonces, la indignación arropó a Vieques. El pueblo literalmente se vació frente al campamento.

En ese momento el grito fue: Hasta aquí…Ni una vida más. Ni un abuso más. Se abriría así una lucha que integró a distintos sectores de la sociedad.

Ese bombazo letal fue el detonante de una lucha que, además, trascendió horizontes. Se abrió con fuerza la discusión del reclamo por la desmilitarización de Vieques, la descontaminación de las tierras, la devolución de las mismas al pueblo y su futuro desarrollo.

Hoy ya no se oye el vuelo de aviones cargados de bombas sobre nuestra población; cuando debido a las prácticas militares, intimidaba vivir bajo un escenario de guerra. El sacudirse de las casas por cada bombazo es cosa del pasado y los pescadores tiene más mar para pescar.

Sin embargo, hoy son otros los más que disfrutan las playas que estaban vedadas, cuando el ambiente de guerra ya no existe. Además, las guías de desarrollo propuestas por nuestra gente fueron echadas a un zafacón.

Y el gobierno, como si quisiera vengarse de nuestra lucha, nos despoja de nuestros recursos y se los entrega a otros. Hoy el gobierno viola sus propias leyes para favorecer a sus amigos del alma. No consulta. Nos quita la transportación marítima. No reconoce al verdadero liderato y se la entrega “su gente”.

Sin embargo, no ha sido el pueblo luchador el que ha fallado. Ha sido el gobierno, que no ha protegido nuestra tierra, lugar de gran valor ecológico y turístico, otorgando permisos de construcción y usos en áreas prohibidas por ley. Además, nos ha arrebatado la laguna bioluminiscente y la ha entregado a manos privadas.

Mientras el turismo ocupa la prioridad, se olvidan los servicios para ancianos, impedidos y enfermos. La incidencia de cáncer no ha mermado y la detonación abierta de bombas vivas aumenta la contaminación, así como la quema de vegetación para buscar los explosivos.

La gente se nos muere. Y el gobierno, no es que no sepa contar, es que no cuenta nuestros muertos porque si mueren fuera de Vieques, en un hospital en la Isla Grande o en la casa de un familiar en otro pueblo, la estadística no se registra en nuestro municipio.

Esto es parte solo parte del saldo de la situación en la Isla Nena, 20 años después de la muerte del joven Sanes y del inicio de la lucha que eventualmente propició el fin de las prácticas militares. Hoy estamos de nuevo solos, abandonados, pero siempre con la esperanza que triunfaremos. Porque un día Vieques volverá a ser nuestro.

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