Christa von Hillebrandt-Andrade

Punto de Vista

Por Christa von Hillebrandt-Andrade
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“¡Aunque la tierra tiemble podemos aún triunfar!”

Han seguido las réplicas, algunas muy fuertes. Aunque ya los esperamos, cada temblor nos coge por sorpresa. Cada evento nos recuerda de la fuerza y energía de la naturaleza. Cada temblor también nos recuerda qué tan impredecible es su ocurrencia. Nos seguimos preguntando: ¿cuándo pararán estos temblores? ¿Habrá uno aún mayor?  

Los temblores van a seguir ocurriendo. Es nuestra nueva realidad, angustiosa realidad especialmente para el sur de Puerto Rico. Después del terremoto de M 7.3 del 11 de octubre de 1918 las réplicas siguieron por meses, generalmente cada vez de menor tamaño, con la excepción de los temblores más fuertes, aunque menores a 7.3, del 24 de octubre y el 12 de noviembre. Quiero hacer notar que esta secuencia es muy diferente a lo que parece haber pasado en 1918. El 7 de enero la tierra se desplazó verticalmente a lo largo de decenas de kilómetros. Todas estas rocas tienen que volver a acomodarse.

Se espera que con el paso de tiempo sintamos menos temblores y que estos sean de menor magnitud. Pero, la disminución de la actividad sísmica vendrá con sus sobresaltos. De repente la calma se interrumpirá y vendrá una réplica más grande, como ocurrió el 10 y 11 de enero. Aunque hay impacto adicional y nos sube la adrenalina, esto sigue siendo natural – la tierra sigue reacomodándose. 

“Son momentos difíciles, pero todo pasa, después no se sabe cómo se sobrevivió esa etapa” me dijo mi amigo Julio Mera, afectado por el terremoto de Ecuador del 2016.  

Siempre que el sismo sea de menor tamaño que el principal (magnitud 6.4) se considerará una réplica. Si ocurre un terremoto de 6.4 o más, lo que es menos probable, pero posible según el USGS, todos estos sismos desde el 28 de diciembre serán rebautizados como sismos “premonitores”. Si vendrá uno aún más grande, la realidad es que “solo Dios lo sabe”. Simplemente la ciencia tiene limitaciones y no tiene la contestación para estos eventos naturales que ocurren a kilómetros bajo tierra.  

En este caso hay más incertidumbre sobre el potencial de un terremoto más grande porque se trata de una secuencia no iniciada por un terremoto de gran magnitud como en el 1918. Pero, ciertamente, y así lo confirma el USGS, a base de estadísticas de terremotos en el pasado, a la medida que pasa el tiempo, cada vez es menos probable que ocurra un terremoto mayor al de 6.4.  

Esta secuencia sísmica nos puede haber infundido impotencia. Ciertamente, no hay manera de evitar que ocurra otro temblor o que venga un terremoto mayor. Pero, definitivamente no somos impotentes, hay acciones que podemos y hemos estado tomando para enfrentar estos eventos naturales. Aprovechemos estos momentos para mejorar la preparación, como cuando se anuncia un huracán.

Para mí, y me imagino la mayoría, lo primordial es la seguridad y la paz mental. Estas dos vienen mano a mano. Si no nos sentimos seguros, seguiremos angustiados, nerviosos. Eso explica y justifica por qué las personas cuyas casas fueron afectadas prefieren dormir al aire libre o reubicarse en otro lugar donde los temblores no se sienten con tanta fuerza y se han establecido los “tent city”. Los que no hemos sufrido daños en nuestras casas, consultamos con un ingeniero, reducimos los riesgos no estructurales y hacemos ajustes en nuestros planes. Nos ocupamos también de nuestros lugares de trabajo, estudio y reunión. Con todas estas medidas estaremos más empoderados para el próximo temblor.

Como escribió el obispo Federico Pagura de Argentina, “¡aunque la tierra tiemble, podemos aún confiar!” y yo añadiría, triunfar. Así nos ayude Dios.

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jueves, 30 de enero de 2020

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La sismóloga Christa von Hillebrandt afirma que no podemos bajar la guardia ante la frecuencia sísmica en Puerto Rico y tenemos que estar confiados en nuestra resiliencia

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