Frank Zorrilla

Punto de vista

Por Frank Zorrilla
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Ausentismo o desmotivación en el gobierno de Puerto Rico

La noticia sobre las cifras de ausentismo en las agencias del gobierno y, peor aún, sobre la ausencia de información y seguimiento sobre el asunto, es una prueba del estado de precariedad de la administración pública en el país. Es como si el asunto no le importara a los que gobiernan. 

Para lograr un gobierno ágil y eficiente es indispensable que los distintos jefes de agencias generen entusiasmo y motivación de trabajo en sus respectivas agencias, lo que va más allá de los salarios adecuados y beneficios marginales. Por supuesto, en una economía de libre empresa, el tener un empleo es la llave del disfrute de los derechos básicos como son la salud, la vivienda, la educación de los hijos, la transportación e inclusive el recreo. Todo se paga con dinero y con excepción de unos pocos que heredan fortunas, la inmensa mayoría de la población necesita de un empleo para generar el dinero necesario para su vida.

Una de las críticas más repetidas sobre el gobierno es el reclutamiento desmedido de personas y que por lo general hay más empleados de los estrictamente necesarios. Sin entrar en la discusión sobre la deseabilidad o no del reclutamiento de empleados en el servicio público, es importante señalar que aun aceptando que se emplean más personas de las necesarias, lo que ponemos en duda, ese no es un problema urgente; problema es el desempleo y la desocupación. 

La dificultad en el servicio público es la corrupción desmedida de personas que, sin ser servidores públicos y sin trabajar, logran contratos con pagos exorbitantes. Todos los contratos innecesarios que se firman son conocidos por los empleados de las agencias sin poder hacer nada; sencillamente tienen que aceptarlo. 

Últimamente hemos visto cómo algunos seudo-empresarios que viven del gobierno están realizando funciones inherentemente gubernamentales. Esto incluye oficinas de abogados, contadores, médicos, ingenieros y otros profesionales que, lejos de tener clientes en el sector privado, se dedican a contratar únicamente con el gobierno. Hay una nueva modalidad de crear corporaciones posteriormente a las elecciones. Esa nueva tendencia se controlaría si se exigiera que las corporaciones que contratan con el gobierno incluyan el nombre y dirección de los incorporadores, accionistas y oficiales. Los empleados públicos saben quiénes son en cada agencia.

El empleado debe sentirse parte de la misión de la agencia en que labora y que será evaluado objetivamente, sin mirar su ideología política o sus conexiones y amistades. Lo anterior incluye a los empleados de la alta gerencia, los empleados de carrera y los empleados unionados.  Lamentablemente, la división político partidista que vivimos se proyecta más fuerte en las diferentes agencias del gobierno, lo que desmotiva al empleado. 

La solución al problema no es sencilla, pero hay que empezar con la alta direcciónde las agencias. Que los empleados sientan que los jefes de agencia son laboriosos y comprometidos con el servicio público y la misión de la agencia que dirigen, que no son turistas que visitan sus agencias de vez en cuando y están más pendientes a la remodelación de su oficina y al auto oficial. Cuando los empleados públicos vean el compromiso genuino del jefe de agencia, entonces ese compromiso se reflejará en las actitudes de todos y la gerencia tendrá la fuerza moral para exigir mayor productividad y cumplimiento con las normas y procedimientos. El país no espera menos.


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