Mayra Montero

Antes que llegue el lunes

Por Mayra Montero
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Avioncitos con los “flyers”

No voy a hablar del “flyer” escrito por unas cuantas figuras del principal partido de la oposición, para repartirlo entre los congresistas estadounidenses, y que así supieran cuán desastrosa es la “colaboración” del Gobierno de Rosselló con la Junta de Control Fiscal, ya que no dedican suficiente dinero al pago de la deuda.

El problema no es que se hayan prestado a elaborar ese texto. No. Eso uno lo espera más o menos. El problema es que hayan sido tan incapaces, tan torpes, tan soberbios, que ni siquiera consideraron hacerlo clandestinamente, ocultando sus verdaderos nombres. En vez de Héctor Ferrer, por ejemplo, pudo haber firmado como “Ricardo Reis”. En vez de Roberto Prats, debió decir en las reuniones con los “buitres”, que él se llamaba “Alvaro de Campos”. Hay que tener un poquito de imaginación.

Una amiga muy docta me dijo que, como si fuera poco, el lenguaje utilizado para redactar los cinco puntos de la hojita suelta es pedestre, al extremo de que parecía una traducción literal del español. Yo le dije que me había enterado de era una traducción literal, y que qué esperaba ella, ¿que Prats, Ferrer, Hernández Mayoral y colaboradores escribieran como T.S. Elliot? No, si ya bastante tienen con vivir esa doble vida. Por un lado diciendo que hay que combatir a las gallináceas, que son las dueñas de los fondos de inversión, y por el otro, elucubrando frases y ardides para ayudarlas.

Y no se trata de que necesiten dinero para vivir. Teóricamente, todos los que avalaron la hojita suelta, pueden ganarse cómodamente la vida en otra cosa, sin tener que poner en un papel lo que pusieron: que Puerto Rico prácticamente es una tierra buena para nada, cuya integración a los Estados Unidos les costaría a los contribuyentes americanos más de 50,000 millones de dólares en diez años; que desde 2015 el país no paga un centavo a sus acreedores (porque no quiere), ni sus gobernantes han buscado la manera de empezar a pagar la deuda; y que, para colmo, de producirse la anexión de la Isla, ésta sería un “welfare state” de sello demócrata, sin beneficio alguno para los políticos republicanos.

Del hecho de que el “flyer” llevara una bandera cubana y el dibujo del Morro de La Habana, se dieron cuenta de sobra, antes de repartirlo, y así lo reconocen. Pero, como dijo uno de ellos, el volante ya estaba impreso y solo tenían dos opciones: o usarlo así, y distribuirlo entre los congresistas, o no usarlo (o sea, hacer con ellos avioncitos para tirarse unos a otros en la sede del PPD). Entonces decidieron jugársela fría: repartirlos con la enseña nacional y el Morro equivocados.

Mal hecho, porque me consta que esos volantes ya llegaron a los despachos del Consejo de Estado cubano. Yo creo que pueden demandar a los cabilderos, y a Ferrer, en calidad de artífice. Esperemos a ver qué dicen los expertos en derecho internacional.

No es por nada, pero no se juega con las banderas ajenas. Cuando recogieron los “flyers” en la imprenta, se percataron de que llevaban la bandera que no era, pero pensaron que nadie se daría cuenta (como ellos no se hubieran dado cuenta, juzgaron por su condición). Para mí eso es una forma de piratería. Por ejemplo, usted le pone a un buque de Sri Lanka, cuya insignia tiene un león, otra bandera medio parecida, como la de Bhután, que es la del dragoncito, y si sale mar adentro y comete una fechoría, lo primero que dirá la ONU es que ha sido Bhután.

En este caso, lo mismo. Todos esos disparates escritos bajo la bandera cubana, constituyen daño. Capaz que salga por ahí un congresista, que los hay muy despistados y poco leídos, y pida una reunión urgente con La Habana, aclarar eso de que un tal Rosselló, que pensará que es un cubano con tabaco, tiene una agenda contra los contribuyentes americanos.

Políticos populares que presumen incansablemente de su integridad, han saltado para exigir que los que colaboraron con el “flyer” abandonen el partido. ¿Pero a dónde van a ir?

No es la gente el problema, sino la esencia de una estructura fallida, que se enfrenta a su propio vacío, a su contradicción vital, y siente vértigo. Aquello es una leonera: todos contra todos y el suelo lleno de porquería.

Los que están indignados deberían irse ellos. Claro. Los otros ya ni siquiera tendrán donde buscarse la vida. Con las empresas de relaciones públicas quemaron las naves, perdieron credibilidad, además de que no hicieron bien las cosas, ni siquiera pudieron coronar con éxito la parte mecánica, sencilla, de supervisar el “flyer”.

¿Que los demás también hacen esos chanchullos de transar con lo peor del buitrerío, y conseguir largos billetes a costa del buen nombre del país? Sí, pero ya habíamos quedado que esa no es razón para revolcarse en el polvo. Defenderse de haber hecho algo porque el otro lo está haciendo también, es un argumento tan grosero que hasta da vergüenza rebatirlo.

Y al principio de este escrito, bien que advertí que no iba a hablar del tema. Así que ya.

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