Mayra Montero

Antes que llegue el lunes

Por Mayra Montero
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Bad Bunny y Residente

Todo el mundo va a tener un pasado. Lo que hay que evitar a toda costa es que el mandatario que venga a sustituir a Rosselló, intente “construirse” un futuro.

Eso es lo que han hecho los corruptos, con más o menos intensidad, en recientes cuatrienios. Algunos gobernadores y sus recomendados han salido del servicio público cargando con auténticas fortunas, y con contactos valiosos que les durarán toda la vida. Rosselló fue, por decirlo de algún modo, el más bisoño. Pero hay que ver las cosas que han pasado en administraciones anteriores, y que dieron paso a derroches inauditos. Las infames movidas del Banco Gubernamental de Fomento (BGF), por poner un ejemplo. Esas no son de Rosselló, vienen de atrás, de generación en generación. El BGF servía como garante a préstamos millonarios que obtenían individuos de alegada respetabilidad, que se aparecían con propuestas para levantar un resort, un lujoso condominio, o un campo de golf. A los seis meses, estos truhanes dejaban de pagar el préstamo. ¿Y quién tenía que dar la cara por el dinero que se debía? El BGF, o sea, todos nosotros.

Así se fueron acumulando deudas que llevaron a esa institución a la debacle. Recuerdo que hace unos años solicité al BGF la lista de los préstamos que se estaban pagando por la morosidad de terceros. Era espeluznante leer aquello. Nombres vinculados a fulano o sutano, que se hicieron millonarios (o más millonarios), esquilmando al banco del gobierno.

¿Y qué decir de los terrenos del Corredor Ecológico del Noreste, por los que se pagaron sumas inimaginables, fuera de toda proporción? Pueden desempolvar el caso cuando quieran. Se comprobó y requetecomprobó que se habían inflado las tasaciones, y que los dueños de los terrenos salieron premiados y requetepremiados. La turbiedad de esa imposible transacción fue heredada de una administración a otra —dos o tres gobernadores empujaron lo suyo—, y ni les cuento la cantidad de secretarios de Recursos Naturales que pusieron su mano “milagrosa” para que el trato llegara a buen puerto. A lo mejor alguno de ellos estuvo en estos días frente a La Fortaleza, saltando de alegría porque Rosselló se fue.

En Puerto Rico es muy fácil saber quién se benefició de aquellos tiempos de vacas gordas. No hay que hacer auditoría, simplemente hay que hacer memoria. Ir hacia atrás en los periódicos, en este mismo diario, y mirar cuántas veces fueron denunciadas irregularidades, compras a sobreprecio y pagos nebulosos; cuántas veces apareció la sombra de muchísimos delitos que nunca se llegó a saber quién los investigaba y en qué habían parado.

Entre los que pontifican hoy, y no me refiero solamente a los actuales miembros de la Asamblea Legislativa, hay varios que tienen esqueletitos en el closet. Ahí están los informes de la Oficina del Contralor, fuente inagotable de trastadas. Poco antes de las pasadas elecciones, El Nuevo Día publicó la lista de los candidatos a las alcaldías (muchos de ellos con tres o cuatro términos a sus espaldas), junto con los respectivos señalamientos que acumulaban. Daba pavor. Y lo curioso es que una y otra vez volvían a salir electos.

Esa es la auditoría verdadera: todo el dinero que sabemos que se cogió prestado y que se malversó.

Por eso, hay otro factor que también debemos exigirles a todos los políticos. La honestidad en el discurso. Quien esté contándole al país que se puede exigir una auditoría de la deuda a estas alturas, lo engaña miserablemente. No habrá ninguna auditoría más que la que encargó la Junta de Control Fiscal. No se pueden revertir los procesos y acuerdos que han tenido lugar en la sala de la jueza del tribunal de quiebras, Laura Taylor Swain. ¿Que había que analizar quién tomó el dinero, en qué condiciones, y para qué se usó? Por supuesto que sí. Miraron para otro lado los gobernadores anteriores, que debieron iniciar esa auditoría y nadie les dijo ni mu. Ahora no hay tiempo. Casi tan grave como incurrir en corruptelas, es crearle a la gente expectativas poco realistas, que solo tienen como base la demagogia y el aplauso fácil. Decir que se va a exigir la auditoría de la deuda, una deuda cambiante, enredada y casi negociada, es un cuento de caminos.

Y para finalizar, hay que reconocer que las figuras que se graduaron en el arte de convocar multitudes, arrastrar a las masas, y encender un fervor que sin ellos tal vez no habría tenido tal repercusión, son dos animales políticos: Bad Bunny y Residente. No por nada escribí una ponencia acerca de ellos para el Congreso de la Lengua celebrado hace unos meses en Argentina, y sugerí a la audiencia que les siguiera la pista a estos muchachos. No me han defraudado, y supongo que no han defraudado a los circunspectos académicos que me escuchaban. En el Congreso, en una gran pantalla, logré proyectar unos trocitos de algunos de mis temas favoritos. ¡Qué momentazo!

Bad Bunny y Residente acaban de sacar un vídeo de antología cuyo título no es para almas delicadas, eso lo entiendo.

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