Alexandra Vega

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Por Alexandra Vega
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Basuarte: hacer arte de la basura

Recientemente he explorado lo que ha sido descrito como “la paradoja más bella”: el arte hecho con lo inservible y desahuciado… con basura. 

Talentosos artistas han llevado el basuarte a espléndidas alturas. Sobresale Vik Muniz, cuya gestión estética y comunitaria en el vertedero más grande de Rio de Janeiro se captura en Wasteland, documental divulgado por Internet. 

En México, Alejandro Durán creó coloridas instalaciones con desperdicios internacionales recogidos en la costa de Sian Ka'an, denunciando así la agresiva contaminación de plásticos en los océanos. 

Nuestro talentoso Nick Quijano se dedicó por décadas a recoger desechos en la Playa Cascajo en San Juan. Ha compartido sus creaciones en diversas instancias, incluyendo su exhibición “Basura”, de marcada originalidad y profundidad.  

Los basuartistas son magos de la transformación. ¡Ese es un arte que vale la pena aprender!

En abril, al celebrar el Día de la Tierra, se recordaron medidas necesarias para salvar el planeta como reducir el consumo, los desperdicios y la contaminación. La creatividad facilita iniciar esas prácticas. 

Entonces, ahora que pasamos nuestras vidas entre cuatro paredes, ¿por qué no volvernos basuartistas? 

Meramente intentarlo crea consciencia de la gran cantidad de desechos que generamos. Esa consciencia es prerrequisito para idear y adoptar nuestras propias estrategias para reducir, reusar y reciclar. 

El basuarte es divertido… y diverso. Se puede hacer de manera individual o familiar, con obritas sencillas o elaboradas, funcionales, bonitas o conceptuales.  

Y ensayar el basuarte provoca verlo todo como por primera vez. 

Todo. 

Cada objeto, empaque, lata, pote, bolsa y tapita de pronto representa un misterio: ¿qué nueva posibilidad esconde? 

El basuartista, como todo emprendedor, mira un problema (lo inútil, lo descartado) y busca transformarlo en una oportunidad. 

Es un buen acercamiento para toda la basura, ya sea la literal o la simbólica. 

Una gran ventaja es que si aprendemos a hacer arte de lo indeseable (y ver nuevas posibilidades en los problemas) nunca nos faltarán los materiales.

Nuestras vidas y nuestro mundo mejorarán. 

Y eso… no es basura. 

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