Brenda Reyes Tomassini

Punto de vista

Por Brenda Reyes Tomassini
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Basura pandémica: seamos parte de la solución

Con la llegada del COVID-19 nuestro país enfrenta grandes retos de salud pública. Uno de ellos es el aumento en la cantidad de desperdicios sólidos adicionales que se generan a diario. Datos de la industria de acarreo y manejo de desperdicios sólidos indican que la generación de desperdicios domésticos ha aumentado en un 15% desde mediados de marzo del presente año. La reclusión de las personas en sus hogares ha incidido en este aumento debido a factores como el consumo de comida en envases desechables, consumo de alimentos en el hogar y desperdicios nuevos como toallas desinfectantes de un solo uso, y guantes y mascarillas desechables. 

Pero no todos los desperdicios generados por la pandemia están siendo dispuestos adecuadamente. Una visita a las filas de supermercados y megacadenas refleja que la ciudadanía, a veces, dispone de estos de forma indiscriminada en cualquier lugar. Los guantes de látex y nitrilo, que toman décadas en descomponerse, florecen de forma silvestre en los estacionamientos y aceras, ganando acceso a nuestros cuerpos de agua y ecosistemas a través de las escorrentías de lluvia o el viento.  Hemos visto mascarillas en playas del área metropolitana. Lo verdaderamente peligroso es que, al igual que sucede con bolsas y productos plásticos, esto termine en el sistema digestivo de especies marinas y aves, como ha sido documentado con otros desperdicios. Peor aún, la disposición inadecuada de estos desperdicios y su eventual descomposición fuera de un sistema de relleno sanitario aumenta el riesgo de que entren toxinas y contaminantes en nuestra cadena alimenticia, como lo son los microplásticos.

Hay quienes argumentan que la pandemia ha sido beneficiosa al medioambiente, ya que ha reducido las emisiones de gases de invernadero y hay menos autos en las calles. Irónicamente, podremos respirar un aire más limpio, pero tendremos otros ecosistemas con mayor contaminación. A esto hay que sumarle los retos que enfrentaba de antemano la industria del reciclaje a nivel mundial, cuando China decidió prohibir la entrada de plásticos y papel y cartón mezclado. Con el precio del petróleo en baja, es más difícil el repunte de esta industria, pues será más barata la manufactura de nuevos plásticos, lo que a su vez conlleva mayor contaminación en los procesos de manufactura. Esto sin contar que muchos municipios sufrieron grandes daños tras el paso del huracán María y los terremotos de enero y no han podido reestablecer sus programas de reciclaje como antes. 

Reducir nuestros desperdicios sólidos domésticos debe ser una decisión consciente y diaria. Disponer adecuadamente de mascarillas, guantes y otros desperdicios debe hacerse en el lugar adecuado, no en aceras y áreas verdes. Tomemos la ruta de la conservación y usemos mascarillas reusables. Lavemos nuestras manos, hagamos composta en el hogar (si disponemos del espacio), preparemos una lista antes de salir a comprar para adquirir solo lo necesario, apoyemos los comercios que usan envases compostables y los que venden productos locales. Seamos consumidores conscientes de nuestros recursos y medioambiente.  Recordemos que en Puerto Rico contamos con 29 vertederos y sistemas de relleno sanitario para disponer de los residuos de 78 municipios cuya capacidad se vio reducida tras el paso del huracán María. Nos toca a todos heredar a nuestros hijos y generaciones futuras un mejor país. Aun en medio de una pandemia, los puertorriqueños podemos ser parte de la solución y no del problema.

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