Jorge R. Roig

Punto de Vista

Por Jorge R. Roig
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Biden y Sanders, montados en el subibaja

Los recientes días han traído en el devenir estadounidense altibajos que le ponen los pelos de punta a cualquiera. El presidente Trump nos asegura un día que el coronavirus está totalmente bajo control, y de momento estamos hablando del posible cierre de escuelas y lugares de trabajo. Una tarde la bolsa de valores apunta a una debacle económica, y unos días después se dispara y recupera casi todo lo perdido. Una noche en la plataforma de debates hay tantos candidatos para la elección presidencial que casi no caben los podios en la tarima, y en cuestión de un fin de semana extendido nos quedamos con solo dos candidatos viables.

Hace menos de una semana el Partido Demócrata estaba apretando el botón del pánico ante la supuesta inevitabilidad de que el autodenominado socialista, Bernie Sanders, se agenciara la nominación para la presidencia. Pero luego de tan solo un día en Carolina del Sur, la moribunda campaña del exvicepresidente Joe Biden, no solo recuperó su credibilidad, sino que ahora se viste de esa misma aura de inevitabilidad de la que gozaba Sanders la semana pasada.

La maquinaria del Partido Demócrata parece haberse consolidado en apoyo de Biden, proveyendo un atisbo de final anticlimático a una campaña primarista que auguraba cambio. Parecería que el electorado estadounidense se columpia entre la candidatura históricamente izquierdista de Sanders y el más de lo mismo de una segunda venida de la Administración Obama. Cabe preguntarse en medio de este constante subibaja dónde ha quedado el concepto de la razonabilidad en nuestro quehacer diario.

Cabe preguntarse también qué podemos aprender, si algo, de estos recientes eventos en la contienda presidencial. En primer lugar, los resultados recientes ponen en entredicho la validez y utilidad de las encuestas a las que tanto crédito le brindan los actores políticos en nuestro sistema. ¿Cuántas veces podemos ensayar nuestra sorpresa ante los resultados de otra elección que los encuestadores no pudieron prever?

También puede que sea hora de preguntarnos si de verdad son tan poderosas como pensamos las campañas de anuncios televisivos. El billonario Michael Bloomberg comprobó este pasado martes – lección que le costó varias centenas de millones de dólares – que no solo de anuncios vive el político.

Pero quizás más que todo lo anterior, los eventos de los últimos días nos deben servir de recordatorio sobre lo profundamente conservadora que es la población estadounidense en general. Los resultados en las primarias en Carolina del Sur y los estados que participaron del Supermartes apuntan a dos realidades. Primero, la explosión en participación electoral que algunos esperaban no se materializó. En particular, la participación de la juventud en las primarias demócratas no ha resultado ser el movimiento masivo que muchos hubiesen preferido. Segundo, es lógico concluir quelas huestes demócratas no favorecen una revolución populista de izquierda que compita con la equivalente realineación de fuerzas que ha ocurrido bajo la presidencia de Trump en el Partido Republicano.

Ahora solo nos queda descubrir en noviembre si esta más tímida porción mayoritaria del Partido Demócrata inspirará suficiente participación electoral para desahuciar al corriente habitante de la Casa Blanca, o si, como en tantas otras ocasiones, la fortuna favorecerá al audaz.

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