Víctor García San Inocencio

Punto de vista

Por Víctor García San Inocencio
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Brown, el plebismito y el Titanic

La afición a la farsa y al fraude ha caracterizado a la política estadounidense desde sus inicios. Hijos del colonialismo y de la explotación británica, importaron la mayor parte de sus instituciones y hábitos políticos, y con ello, la semilla del elitismo y del imperio que prevalecieron a pesar de las ideas nobles de patriotas grandes.

Verdades evidentes como la de que “todos los hombres son creados iguales” dieron paso de inmediato a las excepciones: menos los esclavos, los indios y las mujeres. Bajo el impulso anticolonial fundaron un Estado cuyo gobierno rompió tratados, despojó territorios y ha hecho de la guerra su punta de lanza y colateral para proseguir su expansión, estela de control y expoliación de todo el planeta. 

Lo que no pudieron comprar barato --como la Luisiana a principios del siglo XIX, luego Alaska e Islas Vírgenes-- lo robaron. El dictum del presidente Monroe, “América para los americanos”, es decir, el hemisferio americano sin la intervención europea, catapultó desde la anexión del territorio texano, el atraco y apropiación de medio México, y el acorralamiento en reservaciones y privación de sus tierras a muchos más pueblos indígenas.

Millones de seres humanos murieron, fueron esclavizados o condenados a la pobreza. Decenas de millones de sus descendientes sufren todavía en su territorio la suprema involución, transitando de una unión imperfecta de voluntades a una fusión de ambiciones, inequidad e insolidaridad.

Que Donald Trump presida ese país con decenas de millones de zombies siguiéndolo allá, y unos cuantos oportunistas incapaces de abochornarse haciéndole el caldo en Puerto Rico, no debe extrañar a casi nadie. Que los linchamientos sean todavía un riesgo para la vida de los descendientes de los esclavos --ojo con los que denominan “browns”, latinoamericanos, caribeños y sus descendientes que sufren toda clase de privaciones-- no debe sorprender a nadie.

Ese país ---Estados Unidos de América y su gobierno-- nació y sigue torcido y trenzado en la avaricia, el egoísmo, la explotación, la insolidaridad y la falta de conciencia del Bien Común, para vergüenza de sus antepasados y condena de los que nacerán.

Una de las farsas más notables tiene que ver con lo que llaman “democracia”, que ni siquiera pueden garantizar en su forma más primitiva --la de votar cada dos y cuatro años-- el fraude, hackeo interno o internacional; para no hablar de la compra a mansalva de campañas, votos y funcionarios electos, dispuestos a defender hasta el naufragio el régimen de avaricia, destrucción planetaria e inequidad mundial que han construido.

La farsa y el fraude han sido hechos cotidianos en la vida de aquella nación. Una guerra civil de cinco años (1861 a 1865) que cobró la vida de más de 600,000 civiles y combatientes fue peleada para que el norte industrial controlase al sur agrarioy esclavista. Más de siglo y medio después, basta ver las estadísticas del COVID-19, para mostrar cuán tristemente en vano batallaron sobre ese apilamiento de cadáveres, si fuésemos a darle crédito a la versión de que fue una guerra contra la esclavitud.

Ahora mismo, los más pobres, los más desfavorecidos y los más castigados por el COVID-19 en Estados Unidos son los más pobres y desfavorecidos, quienes son afrodescendientes, igualados solo por los latinoamericanos, que llaman allá “hispanos”. Los “blacks” y los “browns” que viven la estadidad sin esclavitud hace 245 años los unos, y al menos 150 años la anexión los otros, siguen igualmente despojados y privados de oportunidades reales en sus aspiraciones. Unos pocos ascienden en la pirámide pisoteadora del sueño americano. Por el puñado que asciende, una multitud se estanca, o desciende, o se muere.

No hay renglón socio-económico en donde esta verdad no sea más diáfana que en los “blacks” y en los “browns”. Cuando se miden los índices en tasas por cada 10,000 o 100,000 habitantes, y se compara con otros grupos, o cuando se examina la escasa apertura social de una empinada pirámide de la desigualdad donde la punta no puede verse esto se constata.

Aun así, como la ambición nunca se ha quedado sola, muchos dejan la vida tratando de ascender, buscando lo mejor para sus hijos, hasta que uno que otro logra acomodarse en un estamento intermedio. El trabajo intenso, la inteligencia, o el estudio no garantizan nada, pero pueden ser decisivos, siempre para los menos, de algo que permita a muchos ilusionarse. Eso sí, “blacks” y “browns” --negros y marrones-- nunca serán iguales, aunque se promueve el derecho de todos a creerse ese espejismo.

En esa onda de ambición, avaricia y egoísmo --y en algunos casos de pura ingenuidad-- es que puede inscribirse la también farsa de los eventos “plebiscitarios” de los locales tenientes y lugartenientes estadoístas. La mayor parte de estos sabe que la estadidad para Puerto Rico es un imposible, pero se agarran a la faldeta de ese mito, imaginando influencias y generosidad estadounidense, que han probado ser falsas desde los británicos hasta los holandeses con la compra de Manhattan.

Saben que la estadidad no solo no es posible, sino que está demasiado lejos, siquiera de llegar a ser imposible, y que se aleja cada vez mucho más. Las múltiples expresiones de Trump y las lacónicas del senador Marco Rubio bastarían para atestiguar --la estadidad para Puerto Rico está requetemuerta-- pero los aficionados a la farsa, a lo falsario y a la falsedad, la pasean como a una especie de “muerta pará”, a ver si los antiguos electores del PNP muerden el anzuelo y salen a votar.

La realidad es durísima para el cortejo fúnebre: ni wandistas, ni pierluisistas, ni rickistas ---se me olvidó que son los mismos--- inspiran a nadie a votar por ellos, comenzando con los estadistas de corazón, a quienes han engañado por tanto tiempo, y de quienes se burlan entre corruptelas. Pero ahí han aprobado otro plebismito --en realidad otro referéndum-- y hasta a la estadidad imposible acabarán desprestigiándola allá.

Un día como el domingo 17 de mayo, se cumplieron 66 años de que se resolviera por el Tribunal Supremo de Estados Unidos el caso de Brown vs. Board of Education. En este caso, por el esfuerzo prolongado de muchos y la valía de un espíritu grande,Thurgood Marshall --que más tarde sería el primer afrodescendiente en integrar ese Tribunal en casi dos siglos--  se revocó un dictamen legal que declaraba que se podía ser igual, pero ser-estar separado, utilizado por el gobierno contra todos los no blancos. Aquel caso de Plessy v. Ferguson del año 1896 demostró cómo la segregación racial era un hecho social con plena validación jurídica desde más de medio siglo antes. El caso de Brown demostró cómo el mundo segregado seguía y continuaría vigente, aunque sin validación legal federal. Desde el 1954 las batallas han sido durísimas para los “blacks y los browns”  y continúan dándose muy desigualmente.

Estoy seguro que de esto nada se habló en el ensardinado Directorio del PNP dominical celebrado contra toda cautela o norma de distanciamiento social, partido político que tiene como especial requisito una suprema falta de cultura y conocimiento de la historia, el proceso político y jurídico estadounidense. Si hiciesen un esfuerzo por educarse y por educar, abandonarían su intento de conseguir boletos para el viaje inaugural del Titanic.

No se dan cuenta, o no quieren enterarse, ni saber, que en ese barco afortunadamente no los quieren, y que no encuentran cómo espantarlos más. No se dan cuenta que si logran asomarse y abordar aunque fuese unos minutos, deberían asegurar un asiento en uno de los botecitos salvavidas y alejarse del Titanic, pero tendrán que remar, porque no es gratis. Pues de lo contrario Estados Unidos se los llevará enredados hasta el fondo del Océano.

Pero estemos atentos, volverán el 3 de noviembre, en plena pandemia con la engañifa, la estafa y el truco. Esta vez la han puesto bonita. Un rotundo “no” los espera. No, a la corrupción, al corruptavirus, al rickytismo, al wandismo y al pierluisismo --que son lo mismo--, no, al busconismo. No, a su locura y a la de Trump.

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