Ana María García Blanco

Punto de Vista

Por Ana María García Blanco
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Buen momento para reflexión y cambio educativo

Esta semana “se detuvo el tren que viajaba a alta velocidad” reflejado en un cambio en la dirección del Departamento de Educación. Es un buen momento para preguntarnos qué estamos haciendo con la “casa educativa” de nuestros hijos.  ¿Qué prácticas han adelantado su misión? ¿Qué tenemos que reconsiderar? Es buen período para establecer prácticas públicas solidarias y justas.  Para promover acciones que ejemplifiquen en todo momento los valores que estamos promoviendo en la generación que sube: el respeto, amor y fe en el otro, la confianza, la gracia y cortesía, la inclusión y el diálogo honesto, el compromiso con el bien común. Rehabilitar el tejido social que nos sostiene mientras “reconstruimos” la casa del niño y del joven será imprescindible.     

El primer deber del DE es defender el sosiego que necesitan los niños y los maestros para trabajar, proveer un lugar tranquilo, alegre donde se va a aprender.  Debemos detenernos y mirarles de cerca – ¿tienen ellos la tranquilidad y el lugar digno necesario para ejercer?  Yo he podido participar de ese diálogo público en curso. Entre 1990 y 2010 tuve el privilegio de dirigir la escuela del Barrio Juan Domingo en Guaynabo. Una escuela que, como muchas, sufrió un cierre a finales de la década de los ‘80. La comunidad fue muy sabia y defendió su escuela. 

Allí en el barrio se cuajó una metodología de gobierno compartido y de este nació la primera escuela Montessori pública.  En 1992 se aprobó la Ley 18 que establecía la autonomía de las comunidades escolares, acercando así a la escuela la toma de decisiones en términos de organización, currículo y presupuesto.  Con amplia participación de sus asambleas el Consejo Escolar tomaba decisiones sobre de qué manera usaría los fondos asignados a cada uno de sus estudiantes.  

De esta forma vimos crecer la escuela de 90 a 400 estudiantes, transformarse a la pedagogía Montessori pública, vimos a la comunidad decidir si comprar o no computadoras para sus estudiantes de menos de cuatro años versus adquirir materiales didácticos que pronto le llevaron a la conquista de la lectura, de las matemáticas, de la ciencia. 25 años más tarde tenemos el privilegio de ser parte del Movimiento de Escuelas públicas Montessori del país. Comunidades escolares trabajan desde sus mesas redondas la transformación de sus escuelas. 

Esta semana se detuvo el tren.  Es un buen momento para reflexionar sobre lo que estamos haciendo, y hacia dónde va el tren.   Días después del huracán María, en el Instituto Nueva Escuela pudimos visitar decenas de las escuelas públicas con quienes trabajamos. En cada una de estas, encontramos la misma escena: una mesa redonda compuesta por maestros, padres, personal de la escuela, estudiantes trabajando juntos, tomando decisiones, buscando alternativas paraservir a sus comunidades.  Descubriendo juntos formas efectivas de atender a los niños, de proveerles lugares seguros y poner al día la escuela para su pronta apertura. Allí en la escuela, en esa mesa pequeña de voluntades y amor al niño, nacieron estrategias efectivas. 

Hay que regresar a estas mesas, incluirlas en la toma decisiones, poner el sistema al servicio de estas, y no a la inversa.  Practicar la democracia mientras reconstruimos el sistema, establecer prácticas de participación y solidaridad.  Esa es una ruta probadamente exitosa. Este es un gran  momento para tomarla.

La autora es Directora Ejecutiva del Instituto Nueva Escuela.

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