Carlos Dalmau Ramírez

Tribuna Invitada

Por Carlos Dalmau Ramírez
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Buscan ciudadanos para reconstruir a Puerto Rico

Que las cosas andan mal en Puerto Rico no es un secreto ni sorprende a nadie. La mayoría de los puertorriqueños mira al futuro con incertidumbre, mientras crece la desconfianza en la actividad política y la gestión de gobierno. Escasean los líderes en quienes se pueda confiar y los proyectos creíbles a los que se pueda apostar. ¿Quién puede dar un golpe de timón que nos aleje del abismo y haga posible una verdadera regeneración de Puerto Rico? A pesar de lo difícil del momento, la respuesta está en el ciudadano, pero como veremos, no cualquier tipo de ciudadano.

En la era post María, el ciudadano se siente decepcionado ante el pobre manejo de la emergencia y la bizantina interacción de fuerzas que nos jalonean entre Washington y Puerto Rico. Vivimos, como diría Savater, en un éxtasis de desengaño. En un espacio público plagado de desconfianza, es un reto enorme propiciar la deliberación de ideas y acciones bien pensadas para la reconstrucción de Puerto Rico. Los gobernantes prometen transparencia, pero en su lugar reinan la mendacidad y la ocultación en el manejo de los más importantes asuntos públicos.

Tal vez por eso, la antidemocrática Junta de Supervisión Fiscal es bien vista por muchos que ya no confían en que los puertorriqueños podemos gobernarnos con honestidad, sabiduría y prudencia. Esta es, a mi juicio, la más peligrosa de las crisis que enfrentamos hoy: la crisis de confianza en nuestras propias capacidades. En esta encrucijada se decide si Puerto Rico renace o perece.

La ironía es que este estado lamentable de las cosas es producto, en parte, de una cultura ciudadana de apatía política y pasividad ante el poder. Este fenómeno ha permitido que los que gobiernan prosperen mediante la simulación, el abuso y la ley del mínimo esfuerzo. Mientras la multitud de ciudadanos anda a la espera de algo que no llega, termina convertida en una masa de consumidores, sin norte, que no se organiza y que tiende a distraerse con la habladuría y la novedad banal; una masa entretenida con la versión digital del “pan y circo”, permite que los poderosos hagan y deshagan sin supervisión y sin tener que rendir cuentas. En otras palabras, estamos como estamos porque nos han faltado los ciudadanos dispuestos a buscar la verdad y participar efectivamente en los asuntos de la polis.

El juez Frankfurter expresó que “en la democracia, el más alto puesto es el de ciudadano”. Más recientemente, el presidente Obama le parafraseó diciendo: “el título más importante en una sociedad civil no es el de ‘presidente’ o ‘primer ministro’; el título más importante es el de ‘ciudadano”. Esta idea del ciudadano como protagonista principal hay que rescatarla y darle vitalidad en Puerto Rico. ¿De qué sirve la ciudadanía, si el ciudadano vive con miedo y se comporta como un vasallo sumiso ante quienes abusan del poder político?

La ley Promesa y la secuela de María han destapado las fragilidades de nuestra democracia, la cual parece aceptar con igual resignación los desplantes del Congreso y los insultos del presidente Trump. Esto no es sostenible. Para cambiarlo nos hacen falta ciudadanos éticos, libres y dispuestos a forjar con sus actos un país próspero, justo y democrático. La mejor respuesta a la crisis de Puerto Rico es un ciudadano alerta, comprometido y dispuesto a elevar nuestra praxis política.

Si sientes este llamado y quieres asumir tu responsabilidad junto a otros ciudadanos, con mente abierta, energía creadora y libre del asfixiante fanatismo partidista, este es tu momento. Te invito a comenzar hoy mismo. Puerto Rico te espera. 

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