Mayra Montero

Antes que llegue el lunes

Por Mayra Montero
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Caballeros en Washington

Cuán desproporcionada y tediosa es la defensa de las peleas de gallos, que ahora resulta que es la gran industria nacional que genera no sé cuántos miles de puestos de trabajo, y deja al fisco no sé qué cantidad de millones.

Encima es un “deporte de caballeros”. En realidad, una algarabía de machos que exhortan a las aves a que se despedacen en el ruedo.

Total, que la verdadera ganancia de las apuestas —no lo que oficialmente se tributa, que debe ser la calderilla— se resuelve por la izquierda y nunca pasa por el escrutinio de la Hacienda pública. Pero los políticos, empapados de ese patrio fervor por la espuela, de pronto se erigen en grandes defensores de la “cultura” del gallo. 

La llamada “cultura” de esas peleas estaba mucho más enraizada y regulada en otros países que ya las han prohibido. ¿Por qué tiene que ser Puerto Rico la excepción?

Aparte de eso, no me imagino con qué cara va el Gobernador a Washington a pedir que le acaben de soltar los primeros $1,500 millones en fondos de reconstrucción —dejándose caer de paso por el Tesoro, para solicitar que incluyan al 100% de la Isla en el programa de “zonas de oportunidad”—, y en medio de las conversaciones con el secretario Mnuchin, o la subsecretaria de Vivienda, introducir el agobiante asunto de las peleas gallos.

Tiendo a pensar que eso de que fue a Washington a defender “el deporte de caballeros” es falso. Sabe Rosselló perfectamente que se presenta en la Casa Blanca —como se presentó el pasado jueves—, y le dice al asesor de Seguridad Interna, Douglas Fears, que fue quien lo recibió, que le transmita al presidente Trump su preocupación por las galleras, y creo que lo sacan escoltado de la mansión ejecutiva. Con razón. ¿Cómo va a ir a pedir que se flexibilice el uso de fondos federales, y a suplicar que se reactiven los programas de FEMA para el recogido de escombros, y a la vez hablarle a esa gente de que los criadores están en pie de guerra, y de que el Congreso ataca la cultura? Eso de que el Congreso ataca la cultura lo dijo un ser, un notable personaje de la Asamblea Legislativa.

Si los 20,000 o 30,000 beneficiados de los empleos que ahora dicen que genera la industria gallística, quieren pronunciarse, vayan al Capitolio y exijan la soberanía o la independencia, que es la única manera de mantener el “deporte de caballeros”. Esa peregrina idea de que con la estadidad se hubiera logrado mantener la actividad de los gallos, es el clásico bulo de cafetín. Los cincuenta estados tienen las peleas prohibidas, y Puerto Rico, por obra y gracia de sus “congresistas”, y por su cara linda como estado 51, las podría mantener. ¿A quién pretenden engañar?

Lo importante ahora en la escena política y económica es que los primeros meses de 2019 se perfilan como muy duros para varias agencias de gobierno. El Gobernador ha estado en Washington tratando de vencer los escollos que han surgido para la entrega de fondos millonarios, sin los cuales su administración en pocos meses se derrumbaría. Es un viaje desesperado, no por los kikirikí, sino por una situación de desconfianza grave en el gobierno y agencias públicas de Puerto Rico. Desconfianza que ha sido expresada de mil formas, en público y en privado. En privado, se dice, han utilizado frases demoledoras.

La Legislatura queda excluida de la repartición de dinero. Y la Junta de Control Fiscal ha tenido que escribir una carta al Departamento de Vivienda federal asumiendo la responsabilidad por el manejo de los fondos del programa de desarrollo comunitario, esa primera tajada de $1,500 millones que el Gobierno espera como agua de mayo. No hay que ser muy suspicaz para pensar que esa carta no salió espontáneamente de la Junta, sino que fue uno de los requisitos impuestos por Vivienda y de paso por el Tesoro: que la Junta Fiscal se comprometa absolutamente a vigilar el buen uso de la enorme transferencia.

Lo mismo pasará con el resto, poco más de $18,000 millones que han sido asignados para diferentes labores de reconstrucción en la Isla. No se van a dejar en manos de la administración actual, o de la que venga luego, para que Dios reparta suerte. Eso está meridianamente claro en la mente de los funcionarios de la Casa Blanca, el Tesoro y Vivienda federal.

En cuanto a las peleas de gallos, creo que habrá un año de moratoria antes de que la ley entre en vigor. Se resignarán unos, y otros celebrarán peleas cladestinas, encerrados en sus patios o algo por el estilo. Se producirán arrestos, se impondrán multas, más o menos lo mismo que ha ocurrido en otros países donde alegaban que las peleas de gallos eran “tradición”. Son muchas las cosas “tradicionales” que han desaparecido o están destinadas a desaparecer.

No sé qué tiene que ver la caballerosidad con las salpicaduras de sangre, las tripas al aire, y los ojos de los gallos saltando de sus cuencas, pero los caballeros mejor se van buscando otro “deporte”. Aprendan esgrima.

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