Noelia Enid Arroyo Hernández

Punto de Vista

Por Noelia Enid Arroyo Hernández
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Cabildear sin vicios

El cabildeo es un derecho que emana de la Constitución de Estados Unidos, específicamente de la primera enmienda donde se garantiza como derecho del ciudadano solicitar al gobierno compensación por agravios. En consecuencia, contrario a lo que muchos pudieran pensar, cabildear es una actividad legítima

En un sistema democrático el cabildeo es parte fundamental. Es el espacio de diálogo e interlocución donde diferentes grupos sociales pueden ejercer presión en la autoridad gubernamental para defender intereses comunes, apoyar o desfavorecer proyectos legislativos y someter propuestas de legislación. Mediante el cabildeo el pueblo tiene la oportunidad de influir en la toma de decisiones y en la formulación de las políticas públicas. 

A pesar de ser un proceso de apertura democrática, el cabildeo es estigmatizado. ¿Por qué? El gran problema es que, si bien hay cabilderos haciendo buen uso de su derecho, hay muchas personas u organizaciones que se dedican a hacer un cabildeo poco responsable o poco ético. Han hecho del cabildeo un negocio, una compra de concesiones o compra de apoyos. Convencen y compran conciencias con chequera en mano. Se han puesto en desventaja a los que no representan los grandes intereses ni las grandes corporaciones del país, cuando el cabildeo es una herramienta que debe estar al alcance de todos. 

Puerto Rico vive un momento de despertar ciudadano. El pueblo exige transparencia y rechaza la corrupción como nunca antes. Necesitamos cabildeo sin vicios, sin abusos, sin ventajas. Que sea verdaderamente democrático, equitativo, donde se les conceda la misma prioridad a las agendas sociales de los que no pueden aportar para gastos de campañas. Un cabildeo profesional y ético nunca debe usar medios económicos para convencer, sino argumentaciones bien fundamentadas que puedan abrir la visión de los tomadores de decisiones. Aquí tenemos un problema ético bilateral, por un lado el cabildero que paga, por otro lado el servidor público que acepta donaciones políticas. 

Hay que luchar con el aparentemente invencible monstruo de la corrupción. Y como el asunto del cabildeo es luz verde para apariencias turbias y actos deshonestos, existe la necesidad de legislarlo. No basta con haber creado un Registro de Cabilderos.  Eso no ha resuelto nada. El ejercicio del cabildeo necesita ser regulado para que sea efectivo. Hace falta más transparencia, hacer público quién paga, cuánto y a quién. Que se apruebe una ley que elimine zonas de opacidad y que sea creado un Código de Ética de Cabilderos. 

Preocupa el desinterés que han demostrado ciertos legisladores por regular esta actividad, habiéndose sometido un Proyecto de la Cámara desde diciembre 2017. No podemos bajar la guardia. 

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