Fernando Cabanillas

Tribuna Invitada

Por Fernando Cabanillas
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Café sin “gato encerrao”

Hace unos días, la doctora Noridza Rivera, gran amante del café, me pidió que escribiera una columna acerca de los efectos de esta bebida en la salud. Le respondí que casi no tomo café y tampoco me considero experto en el tema. Pero tanto insistió que accedí al menos a revisar la literatura, a ver si valía la pena proseguir. Para sorpresa mía, me topé con algunos estudios muy prometedores además de otros datos curiosos.

Un sinfín de estudios científicos han concluido que el riesgo de desarrollar Alzheimer es menor en tomadores de dos a tres tazas de café al día. Existe consenso en la comunidad científica en cuanto a esta observación. Pero habiendo vivido 28 veranos en Houston, me pregunto yo, ¿cuántas tazas del “café” que se consume en EE. UU. equivalen a una taza de café a nuestro estilo antillano? El café que se consume allá es tan diluido que le llamábamos “agua de chirre”. Para sorpresa mía, mi colega barista me indicó que una taza de café estilo norteamericano tiene más cafeína y equivale a dos o tres tazas de café espresso con leche, pero no he logrado determinar su equivalencia a un café boricua “colao con greca”.

Y hablando de Alzheimer, me enteré de un estudio todavía más intrigante que el del café, y me refiero a la cúrcuma o el “turmeric”. Estudios anteriores no habían demostrado que fuera efectiva contra el Alzheimer, pero recientemente la cúrcuma natural fue alterada químicamente por un grupo japonés para mejorar su absorción intestinal.  La nueva preparación, Theracurmin, se absorbe 27 veces mejor que el producto natural y que los suplementos disponibles en el mercado. ¿Y por qué es esto importante? En 2012, John Ringman publicó los resultados de su estudio en el que determinó que la cúrcuma no era efectiva para el Alzheimer. Sin embargo, cuando examinaron la sangre de los pacientes, se percataron de que las pastillas de cúrcuma transitaban por el intestino y se eliminaban casi intactas en la excreta sin absorberse.

Sin embargo, en un estudio muy reciente, el doctor Gary Small, director de Psiquiatría Geriátrica de la Universidad de California, en Los Ángeles, utilizó la nueva preparación, Theracurmin en una investigación clínica para determinar su efecto contra el Alzheimer.

Antes de comenzar su estudio, el médico ya sabía que, en la India, aquellos que consumen curry tienen una incidencia de Alzheimer más baja que los demás. Se sabe que al cocinar el curry, una salsa con gran contenido de cúrcuma, su absorción intestinal aumenta. Además, se ha probado que en el laboratorio la cúrcuma interfiere con la generación de una proteína llamada beta-amiloide, que se deposita en forma de placas en el cerebro diez o veinte años antes de manifestarse el Alzheimer. Se piensa que estas placas son las causantes de la enfermedad. La cúrcuma, al igual que el aceite de oliva, contiene una buena cantidad depolifenoles que se han asociado con un menor riesgo de Alzheimer. El doctor Small también conocía que la cúrcuma es un potente antiinflamatorio.

Con toda esta información a la mano, diseñó su ensayo clínico. Reclutó 40 sujetos entre 51 y 90 años que tenían un defecto cognitivo leve, pero sin Alzheimer. A la mitad les administró Theracurmin® 90 mg. dos veces al día, mientras que a la otra mitad les administró un placebo inerte. Ni los médicos ni los pacientes conocían quién estaba tomando Theracurmin o el placebo, y la asignación del tratamiento se hizo al azar. Esta investigación rigurosa duró 18 meses y durante ese tiempo se le practicaron un sinnúmero de estudios a los sujetos para determinar si ocurría algún cambio en su memoria, atención y capacidad cognitiva.

Las pruebas cognitivas revelaron que aquellos sujetos que recibieron Theracurmin tuvieron significativamente mejores resultados en las pruebas… pero todavía mucho más fascinante: las placas de beta-amiloide en el cerebro, detectadas por PET, disminuyeron. Si estos datos se confirman, este hallazgo consistiría en un avance científico de gran preeminencia.

“Exactamente cómo ejerce la cúrcuma sus efectos no estoy seguro, pero puede deberse a su capacidad de reducir la inflamación cerebral, que se ha relacionado con la enfermedad de Alzheimer”, dijo el doctor Small. Lamentablemente, Theracurmin no se consigue en las farmacias locales, pero sí por internet.

En teoría, aquellos pacientes que están recibiendo radioterapia o quimioterapia deben suspender la cúrcuma hasta terminar su tratamiento, pues esta sustancia es un antioxidante potente y podría interferir con la eficacia de esos tratamientos.

En una columna anterior critiqué la cúrcuma como tratamiento para el cáncer. Mantengo lo que dije, pues algunos datos de laboratorio que respaldaban su actividad antitumoral eran falsificados. El cáncer y el Alzheimer son ambas temibles enfermedades, pero ahí acaban las semejanzas. Si en el futuro alguien descubre que esta nueva preparación de cúrcuma es efectiva para cualquier tipo de cáncer, seré el primero en reseñarlo como lo he hecho anteriormente con los probióticos, la vitamina D y el aceite de oliva. No pertenezco a un culto de fanáticos extremistas ensañados contra todo remedio natural. Soy científico, y por ende examino la evidencia de forma objetiva y desapasionada. A pesar de esto, se me ha acusado de que estoy en contra de todos los productos naturales porque me aterraría si curan el cáncer, ya que mis ganancias disminuirían. ¿A alguien se le ocurre algo más cínico y descabellado?

Dejando atrás el tema del Alzheimer, el café también parece disminuir por un 36% el riesgo de adquirir el mal de Parkinson, por un 39% la cirrosis y 26% el cáncer de colon. En un estudio a largo plazo en mujeres saludables, se encontró que aquellas que consumían de una a tres tazas al día vivían significativamente más tiempo. Ese beneficio también se observó con café descafeinado.

No obstante, en California han demandado a más de una docena de negocios porque el grano natural del café contiene acrilamida, un cancerígeno. Los demandantes pretenden que les adviertan a sus clientes que el café causa cáncer a pesar de que toda la evidencia señala lo contrario.

Como todo en la medicina, el café también puede tener efectos indeseables, aunque sumamente escasos, el más común siendo el insomnio. Aunque no está claro el efecto en el feto, las mujeres embarazadas no deben consumir más de una taza diaria durante el primer trimestre. En 1980, un estudio mal diseñado sugirió que el café podría provocar la enfermedad fibroquística de los senos. Varios estudios luego desmintieron estos resultados, pero todavía muchos médicos siguen recomendando incorrectamente a sus pacientes que padecen de este trastorno, que suspendan el café.

Si todo madura como pinta y alguien confirma los hallazgos del uso de Theracurmin para prevenir el Alzheimer, auguro la proliferación de establecimientos donde se servirá café puertorriqueño acompañado de platos con curry. Imagínense los nombres de estos comercios: Bar “En Tu Memoria”, Taberna “¿Dónde Olvidé mis Llaves?” y Café “Los Sexigenarios”.

Y por si acaso algún día alguien les convida a tomarse una taza del mejor café del mundo... ¡mucho cuidado! El mejor café del mundo cuesta $600 la libra y no es de Puerto Rico. Proviene de las heces de un gato salvaje de Sumatra que no puede digerir los granos del café. Los granos se fermentan encerrados en su intestino para luego producir un café suave y muy achocolatado cuando se excretan. ¿Y a quién demonios se le ocurriría comerse las heces de un gato para descubrir eso? Mejor me quedo con el café que fue el preferido del Vaticano y que crece en mis montañas.

Cuesta unos $12 la libra… sin “gato encerrao”.

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