Agustina Luvis Núñez

Punto de vista

Por Agustina Luvis Núñez
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Caín, ¿dónde está tu hermana Alexa?

Sabemos que es un relato conocido que alude e interpreta dimensiones importantísimas de nuestra existencia y nuestra responsabilidad.  

Nos preguntamos cómo es posible que la razón por la cual un hermano mata a otro sea el que su ofrenda no agradó a Dios y en venganza desemboca su ira contra su propia sangre.  No cabe duda de que Dios no es arbitrario e injusto, por lo que el texto es difícil de interpretar.

Por primera vez la ira hacia Dios se convierte en un acto fratricida y por lo tanto en violencia e injusticia.

Mirando la historia con mayor profundidad, descubrimos que la verdadera causa de la violencia contra su hermano está en el rechazo radical a todo lo que no sea su yo, su ego, su poder. 

La respuesta del asesino todavía nos deja en mayor perplejidad: “¿acaso es mi obligación cuidar de mi hermano?” Su violencia está alimentada por su intolerancia a la diferencia, por su fría indiferencia a la existencia de otro ser, por la falta de reconocimiento de su total humanidad, por la carencia de amor, por la negación de su responsabilidad y por la incapacidad de ver la dignidad que la imagen de Dios le ha regalado a todo ser humano.

El asesinato de Alexa, al igual que el de Abel, tiene las mismas connotaciones del primen crimen de la historia. Desde el grito de dolor e indignación que causa debemos unirnos, creyentes o no, a la denuncia del sufrimiento que viven seres humanos, por el único hecho de la falta de reconocimiento de su total humanidad. El silencio ante este crimen nos empareja a Caín en la negación de nuestra responsabilidad, y en la indiferencia a la existencia del otro ser humano.

Cualquier discurso religioso o teológico que no condene claramente este hecho tampoco podrá contestar con un sí a la pregunta más sencilla del día final, que es la misma del origen de la historia: ¿dónde está tu hermano, dónde está tu hermana? Lo que hiciste por tus hermanos y hermanas, lo hiciste por mí. Y lo que no hiciste, tampoco lo hiciste conmigo.

No alzar la voz y no llevar a cabo acciones concretas contra esta plaga es justificar y promoverlas, desde las más sutiles hasta las más criminales.

Al acercarnos a la Cuaresma, un periodo que desde sus inicios la iglesia cristiana reconoce como uno de reflexión profunda, recordemos que la muerte de Jesús y su resurrección es un mensaje claro de que Dios está a favor de los crucificados y crucificadas de la historia, en contra de quienes crucifican.  También estuvo en el calvario que vivió Alexa. 

Usemos su mensaje y nuestras acciones para acompañar y ayudar a las Alexas a recuperar la vida, a encontrar la alegría, a sanar del daño que les hemos ocasionado, y a encontrar una posibilidad de esperanza.

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