Fernando Viñas

Tribuna Invitada

Por Fernando Viñas
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Cámara de Comercio: misión de desarrollo

Ante la elección del cuerpo directivo de la Cámara de Comercio de Puerto Rico (CCPR), muchos se preguntan; ¿para qué la CCPR?

La relevancia de la institución, llamada en 1913 la “Lonja de Valores y Víveres de San Juan”, se revela en su nombre. Lonja: lugar donde se reúnen comerciantes para realizar sus transacciones. Comerciantes y punto, nada de distinciones de origen, de nacionalidad. Su principal propulsor, Sosthenes Behn, de ascendencia danesa, constructor del puente Dos Hermanos, cofundador de la ITT. Oriundo de Islas Vírgenes, Behn emprendió desde Puerto Rico.

La misión de la CCPR desde 1921 es “ayudar al desarrollo, progreso y bienestar comercial, industrial, social y agrícola de Puerto Rico… evitar, armonizar y arbitrar diferencias”. ¿Para qué la CCPR?: por su misión de hacer crecer y desarrollar el sector empresarial en la isla.

La organización de comerciantes y emprendedores con relación al mercado es uno de los pilares organizativos de la sociedad. Establece límites al gobierno. Ante una débil organización del mercado, la sociedad se torna improductiva y el dominio del gobierno puede dirigir la sociedad, tanto hacia el capitalismo clientelista, como hacia otras modalidades no democráticas.

No sorprende que políticos locales hablen de la dependencia del sector privado en el gobierno – hablan de la ocupación, por parte del gobierno, de espacios propios del sector privado. Debe quedar claro que la misión de la CCPR tiene que ser crecer, desarrollar el sector privado, no dividirlo, ni seleccionar a ganadores entre los grupos empresariales. La CCPR debe procurar la igualdad de oportunidad, enfatizar la apertura de espacios para la gestión privada, en una sociedad y economía dominadas por el gobierno.

En periodos de elección, las diferencias de visión se contrastan.

Para unos, la CCPR es una actividad de relaciones sociales, desvaloran el rol de “consciencia empresarial” ante el gobierno. Poco se preocupan de las posiciones de quienes se presentan a la dirección de la CCPR y que serán “voz” del sector privado ante los gobiernos estatal y federal. Esa indiferencia se transforma en queja cuando las posiciones de la CCPR no les parecen representar bien los mejores intereses del comercio. Muchos ni votan, no obstante, ante algún nivel de adversidad no pensarán dos veces antes de buscar el apoyo de la CCPR.

Otro grupo mira la CCPR como una organización de la sociedad civil que debe apoyar posiciones en privilegio de algunos sectores; “proteger lo nuestro”. Ese simpático “lo nuestro” que con avidez consumen los puertorriqueños, se alinea con la tendencia mundial proteccionista del populismo. Tengo claro que, en las dinámicas de mercado, el populismo es contrario al crecimiento.

Otros buscan que la CCPR sea promotora de actividad comercial y sostenibilidad del empresariado. Busca el éxito de las empresas y su expansión. Por mi parte, colaboro en un equipo en la CCPR que procura la movilización de capital para el desarrollo de negocios y su crecimiento. La ambiciosa agenda del presidente entrante busca que la CCPR complemente su rol de vocal ante el gobierno con proyectos concretos de acción para expandir el comercio y empresarismo en Puerto Rico.

La recuperación de Puerto Rico requiere la expansión del sector privado. Eso tendrá que pasar por la formación de un sistema de energía confiable de precio razonable; por asegurar la financiación adecuada y sostenible del sistema de salud; por la resolución de la desventaja contributiva de corporaciones de Estados Unidos radicadas en el territorio, comparadas tanto a nivel nacional como internacional. Temas a los que pasadas presidencias de la CCPR han dado mucha atención y que pasarán por la legislatura federal. El sector privado de Puerto Rico requiere de aliados, sin divisiones.

Para esto está organizada la CCPR.

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