Enrique Toledo Hernández

Punto Fijo

Por Enrique Toledo Hernández
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¿Cambiar para no cambiar?

Actualmente, Puerto Rico se encuentra en medio de dos importantísimas “reformas”: la reforma impositiva y el Plan de Usos de Terrenos (PUT). Tales “reformas”, si bien fundamentales, son insuficientes por sí mismas si no ocurre un cambio en la política económica (vigente desde 1950) y en el sistema político (una parte establecida en 1901, otra en 1952, y otra en 1968). En estas dos últimas reformas es dónde realmente se cambia el esquema de las actuales relaciones de poder que condicionarán cualquier cambio potencial de las dos primeras.

Ahora bien, una reforma impositiva debe contestar claramente tres preguntas fundamentales: ¿para qué cobrar impuestos? ¿A quiénes se les cobra, en qué grado y por qué? ¿Cómo se cobrará?

La última gran reforma impositiva, aprobada en medio del proceso de industrialización en 1954, básicamente contestaba la primera pregunta de la siguiente forma: cobrar para generarle aún más ganancias al capital estadounidense. ¿Y qué con las medidas de “justicia social”? La ampliación de la educación se enfocó, aparte de legitimar el territorio no incorporado de Puerto Rico, en aumentar la productividad de los futuros trabajadores de este capital. Es decir, mientras más destrezas tenían, mayores excedentes producían al capital norteamericano.

¿Y qué pasó con aquéllos que no consiguieron trabajo? Fueron excluidos ya sea vía la emigración, la informalización y, eventualmente, la dependencia estatal-federal. La educación no tenía respuesta para ello y los afortunados con empleo empezaron a mirar a los excluidos con menosprecio porque no respondían a lo “enseñado” en clase.

Por otra parte, la ampliación del sistema de salud fue para sostener una masa de trabajadores “saludables” para la “productividad”. Las medidas de “justicia social” financiados por el Estado no fueron para la gente, sino para la ganancia del capital extranjero.

En un principio, se les cobraba a dueños de propiedad inmueble, a empresas locales, a profesionales y al consumo (vía el arbitrio), pero nunca al capital estadounidense pues el propósito era engrosar sus ganancias (y así traerlas a Puerto Rico). Luego este sistema impositivo iría cambiando reduciendo el impuesto a la propiedad, alimentándose del ingreso asalariado y de empresas locales, pero nunca de extranjeras.

Hoy en día, el impuesto el consumo es la norma, sigue el ingreso asalariado y empresarial local (aunque disminuido), el de la propiedad es nulo y al capital extranjero, aunque paga algo, es bajísimo (aunque subsidia más de un 20% del presupuesto estatal). La forma en cómo se cobran los impuestos ha variado. No es lo mismo el cobro por planilla que por el IVU (que es mediante un “trust” vinculado a Cofina) o vía la creación CRIM. Cada “cómo” posibilita un cobro, pero también un fraude o una nueva evasión (que aumenta con los años) pero siempre cobrándole al asalariado.

Si la actual reforma impositiva persiste en no cambiar la respuesta de la primera pregunta, generaremos un peor resultado pues el capital extranjero produce muchísimo menos empleos ahora que hace 40 años. Entonces, ¿por qué el sistema impositivo no sostiene una vida colectiva dichosa, plena, armónica y feliz? Claro que definir esa vida colectiva es materia de discusión política. Pero nos dirigiríamos a lo fundamental y no a sus aspectos técnicos excluyentes.

El PUT contesta las mismas preguntas que la anterior reforma. ¿Para qué, quiénes y en qué grado y cómo se utilizará el “suelo”? Empero, ésta va más allá y contesta unas preguntas fundamentales para la vida humana. ¿Cómo nos relacionamos con la Naturaleza / Madre Tierra: en su dominación y explotación o en armonía y colaboración? ¿Nos relacionarnos con “un recurso natural” en lugar de con “la Madre Tierra”? ¿Qué medios sociales utilizaremos para mediatizar este “tipo de relación”? ¿Cuáles son los límites del “desarrollo” y del “crecimiento”?

Aunque el plan actual es altamente insatisfactorio, sin embargo, ya de por sí es una gran innovación. Aprobemos cualquier cosa, pues el PUT cambia los términos de la discusión pública porque coloca lo colectivo y la relación con la vida como lo central. Enhorabuena.

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