Juan Zaragoza

Tribuna Invitada

Por Juan Zaragoza
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Cambios en impuesto a herencias afectan a la clase media

“No es justo tributar los mismos ingresos dos veces, primero cuando uno se lo gana, y segundo cuando uno muere”. (George H.W. Bush)

“Un impuesto sobre herencias progresivo y significativo es imprescinble para evitar la transición de una democracia a una plutocracia ( el gobierno en manos de los más ricos)”. (Warren Buffett)

Las dos citas anteriores encierran una gran parte del debate histórico sobre la tributación de las herencias. Por un lado la oposición a tributar en muerte lo que la persona tributó ya en vida, y por otro la utilidad de una contribución a las herencias como herramienta para reducir la acumulación de riquezas excesivas en manos de unos pocos.

La política pública que ha existido en Puerto Rico en las pasadas décadas ha sido consistente con la primera cita, al facilitar la transferencia de propiedad por herencia sin imponer un impuesto en la mayoría de los casos. De hecho, Hacienda informó recientemente que el costo de eliminar este impuesto era solo alrededor de dos millones de dólares.

Además de permitir el paso generacional de propiedad sin impuestos, las reglas actuales proveen un mecanismo para reducir la contribución en la venta de la propiedad heredada. La clase media es la que más se beneficia en estos casos porque la mayoría de las veces venden lo heredado para mejorar su situación financiera.

La reducción del impuesto se logra atendiendo la pregunta típica del que vende algo heredado: ¿cómo determino lo que me gané al vender la propiedad si la recibí de gratis? Bajo la ley actual se asume que la propiedad le costó al que la heredó, lo que vale en el mercado a la fecha de la muerte. Esto provoca que, al venderse, la ganancia sea mínima o ninguna, favoreciendo así a los que tienen la necesidad de vender lo heredado.

A manera de ejemplo, si yo heredo hoy una propiedad de mis padres que costó $18,000 en 1964 y tiene un valor en el mercado hoy de $138,000, esta pasa a mis manos como si hubiese costado $138,000. Si la vendo por ese mismo monto al recibirla, no reconozco ganancia en mi planilla.

Las disposiciones aplicables a las herencias y a la propiedad heredada sufrieron cambios significativos en una ley aprobada hace unas semanas y efectiva el 1 de enero de 2018. En esencia eliminó el impuesto aplicable a la transferencia de propiedades mediante herencia o donación (que ya indiqué que casi nunca aplicaba), simplificó grandemente el proceso para solicitar y emitir el relevo de Hacienda (documento necesario para repartir la herencia, anotar los bienes inmuebles heredados en el Registro de la Propiedad y cualquier venta posterior) y cambió las reglas aplicables a “ costo” o base al cual las propiedades pasan a su nuevo dueño o dueños.

Siguiendo con el ejemplo anterior, atemperado a las nuevas reglas, si al morir mis padres en el 2018 heredo una propiedad que les costó originalmente $18,000, no estaré sujeto a impuesto sobre herencias pero a mis manos pasará como si yo hubiese sido el comprador original. Si la vendo al recibirla por $138,000 tendré una ganancia de $120 mil (es decir la diferencia entre $138 mil y $18 mil.) Esta ganancia me costaría un mínimo de $18 mil en contribuciones.

En resumen este cambio de enfoque afecta principalmente a los miembros de la clase media del país que son más propensos a disponer de la poca herencia que reciben una vez la tienen en sus manos. Por otro lado favorece la retención de capital en un grupo pequeño de personas.

El impuesto al vender la herencia nos hará recordar la amenaza de muchos de nuestros padres: “lo que te voy a dejar de herencia, son deudas”.

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