Pedro A. Gelabert

Punto de vista

Por Pedro A. Gelabert
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Caminando el viacrucis del Estuario

El dicho “viacrucis” cataloga las dificultades confrontadas para lograr una meta. La emigración desde 1920 de áreas rurales a pantanos estuarinos dejó a sus residentes vulnerables a inundaciones, hundimientos del terreno y pobres condiciones higiénicas. 

En 1968, el derrame de 3.7 millones de galones de petróleo del Ocean Eagle contaminó el estuario y su restauración tomó seis meses de ardua labor. El Tribunal federal ordenó pagar costos de limpieza, pero desautorizó compensaciones por daños ambientales.

En 1970, descargaron 1,778 toneladas/día de contaminantes a las aguas de Puerto Rico y  ninguna estación de muestreo cumplía para 1974 con los estándares de calidad de agua de Puerto Rico (U.S. Geological Survey). 

En 1978, el Plan 208 Metro Norte comenzó a controlar las fuentes dispersas de contaminación agrícola, construcción, minería y escorrentía rural y urbana.  

En 1981, la calidad del agua de las playas desde Condado a Isla Verde se resolvió eliminando descargas directas, conexiones sanitarias al alcantarillado pluvial, interconexiones del sanitario y pluvial, bombas defectuosas y aliviaderos del alcantarillado sanitario. Abrir las bocas bajo el puente Dos Hermanos mejoró la circulación de la Laguna del Condado. Al cumplir con los estándares, se removieron los rótulos en las playas que le indicaban a bañistas el peligro de infectarse. Todavía surgen algunos casos de descargas nuevas al estuario y desbordamientos del alcantarillado sanitario en áreas bajas. 

Se establecieron reservas naturales en el Bosque de Piñones (1979), Ciénaga Las Cucharillas (2008), Arrecife de Isla Verde (2012) y Laguna del Condado (2013) para proteger y reforestar los márgenes del estuario.

En los 1980, la AAA construyó plantas regionales de tratamiento sanitario para Bayamón (40 mgd) y Carolina (37.7 mgd), descargando sus efluentes por emisarios submarinos al Océano Atlántico y eliminando sus descargas al estuario.

Las descargas del alcantarillado combinado del Viejo San Juan se eliminaron mediante troncal que desvía el flujo para tratamiento en la planta de Puerto Nuevo, pero el alcantarillado combinado de Río Piedras/Hato Rey todavía descarga en Caño Martín Peña.   

El Cuerpo de Ingenieros dragó el Caño Martín Peña entre la Bahía de San Juan y el puente Martín Peña, eliminando la barriada El Fanguito y restaurando el mangle. 

En 1981-83, Bacardí construyó 2 digestores anaeróbicos, reduciendo la carga orgánica de mostos, y conectó efluente al emisor submarino de Bayamón. La recuperación del gas metano sustituyó el 80% del combustible fósil de la destilería. 

Vertederos municipales operaban con quema a campo abierto y escorrentía de lixiviados al estuario. Los vertederos de San Juan, Cataño, Loíza, Canóvanas, Río Grande y Bayamón se cerraron y se mejoraron operaciones en Carolina, Guaynabo y Toa Baja. Carolina y Guaynabo desarrollaron sistemas exitosos de reciclaje. 

El derrame de 750,000 galones de Bunker C, número 6, de la barcaza Morris Berman contaminó el estuario en 1994. Se recuperaron 25,000 barriles de combustible por trasbordo y $12 millones por costo de limpieza y compensación ambiental. 

En 1995, se construyó el Canal Puerto Nuevo (Primera Fase del Río Piedras) a un costo de $30 millones, ya que las inundaciones afectaban a 250,000 habitantes y 5,000 negocios. 

Un fuego quemó 21 tanques en la Caribbean Petroleum Corporation (Capeco) en 2009. En la remediación se reconstruyó la planta de tratamiento y se reemplazaron tuberías, bombas, 14 tanques y se hizo disposición y reciclaje de chatarra. 

El Congreso asignó $150 millones en 2004 para dragar el Caño Martín Peña entre el puente Martín Peña y la Laguna San José, preparando un Estudio de Viabilidad y Declaración de Impacto Ambiental en 2010 a un costo de $1.4 millones. 

Los análisis de calidad del agua del estuario por los últimos 10 años acreditan un 55% de cumplimiento, para nota de “D” en ascenso y cumplir con la mitad de su cometido, partiendo en 1970 desde 0%. El estuario conserva un enorme potencial recreacional, turístico y ecológico aún sin desarrollar. 

Lea también la columna de Carl Soderberg.

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