Tim Sherwood

Tribuna Invitada

Por Tim Sherwood
💬 0

Camino a la autosuficiencia de Puerto Rico

La crisis que sufre Puerto Rico es comparable en su severidad a la Gran Depresión de los 1930 en Estados Unidos, y nos obliga a buscar una respuesta similar en alcance y creatividad al Nuevo Trato.

A mi juicio, esa respuesta apunta hacia un proyecto nacional de autosuficiencia en todos los renglones, o -por decirlo de otra manera- de la eliminación de vulnerabilidades físicas, financieras, económicas, sociales y hasta políticas.

Como la raíz de la falta de autosuficiencia es nuestra extrema dependencia de Estados Unidos, me parece lógico que la piedra angular de ese proyecto nacional sea conseguir que aquel país reconozca oficialmente que Puerto Rico es su colonia. Es decir, debe admitir que Puerto Rico no es un territorio legítimo sino una colonia ilegítima e incluso ilegal en derecho internacional.

De lograr tal admisión, la isla conseguiría enormes beneficios. Por un lado, obligaría a Estados Unidos a indemnizar a su colonia, aportando así al proyecto nacional de autosuficiencia -por ejemplo, eliminando las leyes de cabotaje y la deuda.

Por otro lado, la admisión sería la ficha de desatranque del problema eterno del status: Estados Unidos tendría que descolonizar.  Claro, no sería fácil. Para quebrantar el cómodo apego de Washington al status quo territorial, Puerto Rico tendría que recurrir a todos los foros nacionales e internacionales. Pero las dificultades principales están dentro de nosotros.

La primera es nuestra baja autoestima nacional. Por ser tan dependientes de Estados Unidos, no somos asertivos en nuestro trato con ellos. Hemos internalizado una pobre autoimagen que, a mi juicio, se refleja en el constante toque de tambor de la autocrítica por parte de nuestros comentaristas en la radio y los periódicos sobre la corrupción, clientelismo, amiguismo, nepotismo, incompetencia de nuestros gobernantes.

Claro, eso ha existido y existe, pero ¿por qué insistir tanto? ¿Somos realmente más débiles que otros pueblos? ¿O será que las limitaciones de nuestra condición colonial cortan las alas de nuestros líderes que terminan buscando lo suyo a expensas del país? Divididos y sin proyecto de país no logramos enfrentar  colectivamente a Estados Unidos. Sin embargo, es posible. Carmen Yulín reaccionó públicamente a nombre de todo un pueblo doliente con su crítica sobre la respuesta tardía y floja de Washington al huracán María. Trump la tildó de “nasty”, pero ella ganó para Puerto Rico la simpatía de los medios y el pueblo, y se produjo mayor movimiento en la ayuda. Recuerdo cómo un pueblo unido movió a la Marina de Vieques.

Esto me lleva a nuestra secunda debilidad nacional: la falta de unidad causada por el eterno juego político-partidista de status, también enraizada en nuestra condición colonial. Este juego fratricida imposibilita consolidar un frente nacional anteEstados Unidos. Como la razón de ser de los principales partidos políticos es el status, se lo pasan dándose cuchillazos en San Juan y cabildeando en Washington para promover su preferencia. El partido de turno en el poder suele llevar a cabo ejercicios amañados para determinar la voluntad del pueblo cuyos resultados no convencen a los pocos congresistas que sepan algo de la isla.  

Para desarmar este destructivo juego de status y lograr un frente nacional tan necesario para sacudir la impasibilidad estadounidense, sugiero que se legisle una Comisión de Igualdad de Oportunidad de Status.

Su misión sería asegurar que hay un campo de juego igual para todos los posibles status. Se compondría de personas electas conocidas por su integridad y compromiso con el país por encima de partido. Gozaría de autonomía presupuestaria y administrativa, y tendría varias funciones: fiscalizar el partido en el poder para evitar las inevitables trampas a favor de su preferencia; requerir a Estados Unidos que definiera las opciones de status aceptables y se comprometiera a cumplir con ellas; llevar a cabo una campaña de información sobre la disponibilidad, naturaleza y consecuencias probables de las distintas opciones; y supervisar por parte de la isla junto con observadores internacionales el proceso de la toma de decisión.

La ley que establezca esta Comisión requeriría que toda su gestión se caracterizara por transparencia y diálogo continuo con todos los sectores políticos y de la sociedad civil.      

¿Estaré soñando con pájaros preñados?

💬Ver 0 comentarios