Fernando Cabanillas

Consejos de cabecera

Por Fernando Cabanillas
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Cáncer de tiroides a través de los ojos de una experta

Me toma días escribir algunas columnas, no porque se me haga difícil expresarme. Es que si no tengo un conocimiento profundo y detallado del tema, debo dedicar un gran número de horas a investigar la literatura médica con tal de ofrecerles un panorama lo más certero posible. Afortunadamente, la columna de hoy me tomó muy poco tiempo y no es porque sea un gran conocedor del cáncer de tiroides… es que cuento con una colaboradora experta, que me ha suplido cantidad de información importante e interesante.

No hace mucho escribí una columna acerca de las causas de la epidemia del cáncer de tiroides, condición mucho más común en mujeres que en varones. Una lectora me pidió que escribiera otra columna hablando de los adelantos en el manejo de esa enfermedad. Comenzaré por el diagnóstico.  

A pesar de que las guías de la Asociación Americana de Tiroides no recomiendan el uso rutinario de sonogramas para la detección temprana del cáncer, muchos médicos no pueden contener el impulso de detectar el cáncer de tiroides en sus etapas tempranas. Como consecuencia, se están diagnosticando innecesariamente una gran cantidad de nódulos pequeñitos, algunos de los cuales, después de una biopsia resultan ser malignos. 

Pues muchos de ustedes pensarán que eso es tremendo adelanto, pero realmente lo que ha logrado es aumentar el número de casos de cáncer de tiroides, abonando de este modo a la sensación de epidemia. El problema es que la inmensa mayoría de estos adenocarcinomas de tiroides pequeños son de muy poca agresividad, y el hacernos de la vista larga resultaría tan efectivo y menos arriesgado que extirparlos. En Japón se ven muchos casos de cáncer de tiroides pequeños. En vez de extirparlos, lo que hacen es monitorearlos de cerca. En Estados Unidos se están dando los primeros pasos en esa misma dirección. No significa esto que los tumores mayores de un centímetro se deban descuidar. Esos sí necesitan evaluación y cirugía, si resultaran ser malignos.

Una vez diagnosticado el cáncer, el próximo paso es determinar cuál es el tipo. Esto lo hace el patólogo mirando la biopsia bajo el microscopio.  El cáncer de tiroides es muy diverso, como lo son la mayoría de los tumores malignos. Los naturópatas no entienden esto. Piensan que cáncer es cáncer y que todos son iguales, no importa donde se originen, pero la realidad es que existen cientos de tipos de malignidades y aun dentro de una categoría discreta como el de tiroides, hay seis. 

El más común es el papilar; el segundo, el folicular; tercero, el Hurthle; cuarto, el medular, seguido por el linfoma primario de tiroides y el menos común, el anaplásico. Los primeros tres se asocian usualmente con un buen pronóstico y los denominamos como “bien diferenciados”, lo cual indica que bajo el microscopio se parecen bastante a las células normales de tiroides. El último es altamente agresivo y hasta hace poco se consideraba como una sentencia de muerte a los tres meses. 

La cirugía sigue siendo el primer paso en el manejo del cáncer de tiroides bien diferenciado, igualmente en el cáncer medular. El linfoma de tiroides es altamente curable con quimioterapia, sin necesidad de cirugía. Del anaplásico hablaremos más adelante.

La glándula tiroides normalmente capta e internaliza el yodo en la dieta. Este es un elemento vital para su funcionamiento. Al parecerse mucho a la tiroides normal, los tumores bien diferenciados también se nutren del yodo. Si les suplimos yodo radiactivo los engañamos al “alimentarlos” con esta sustancia toxica y así los aniquilamos. Lo hemos usado para eliminar los depósitos microscópicos residuales que puedan quedar después de la cirugía, y también para tratar las metástasis. Como paso final, administramos levotiroxina, la hormona de la tiroides, para suprimir otra hormona que estimula el crecimiento del tumor.

Con este manejo, estos tumores generalmente tienen un pronóstico favorable, aun en etapas avanzadas. Sin embargo, algunos casos excepcionales no evolucionan bien y para ellos se han desarrollado tratamientos innovadores. No son quimioterapias, sino medicinas dirigidas a los defectos moleculares del tumor.  

Uno de los problemas que enfrentamos comúnmente es que muchos tumores pierden la capacidad de internalizar el yodo, y por ende se tornan resistentes al tratamiento radioactivo. Un innovador e intrigante enfoque consiste en usar los fármacos nuevos, selumetinib o dabrafenib, capaces de restaurar la capacidad de las células cancerosas para captar el yodo radioactivo, lo que da lugar a que ese tratamiento nuevamente sea efectivo.

También contamos con varias terapias nuevas, dirigidas a inhibir múltiples funciones vitales de las  células cancerosas… y se siguen descubriendo cada vez más. El panorama nunca ha sido tan halagador como en este momento.

En el boxeo, el término “peso pesado” se usa comúnmente para describir boxeadores en la categoría más alta, aquellos por encima de 200 libras. La persona que me ayudó con esta columna solo pesa 124 libras, no obstante es un peso pesado entre los expertos de tiroides. Es una doctora puertorriqueña, profesora y directora de investigación clínica en el Departamento de Endocrinología del Hospital MD Anderson en Houston. Su enfoque terapéutico innovador para manejar el temible carcinoma anaplásico de tiroides, utiliza terapias biológicas combinadas con quimioterapia e inmunoterapia, seguido finalmente por cirugía. Esto ha cambiado por completo el tratamiento y mejorado significativamente el panorama devastador de esa enfermedad. 

Su nombre es María Eugenia Cabanillas. Antes le preguntaban “¿eres hija del Dr. Cabanillas?”. Pero lostiempos cambian. Ahora es a mí a quien preguntan si soy el padre de la Dra. Cabanillas.

“Consejos de Cabecera. Alimentos y vitaminas contra el cáncer”, un libro best seller que recopila las columnas médicas de Fernando Cabanillas publicadas en El Nuevo Día, está ya a la venta en la Farmacia Auxilio Mutuo y en las principales librerías de toda la isla por el precio de $25. Los ingresos generados por el libro son donados al fondo “Adopta un paciente”.

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