Josué Montijo

Buscapié

Por Josué Montijo
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Canción de cuna para adultos

Ocurrió el martes en la noche. Hora exacta no recuerdo, pero sí que era tarde. Salvo la lluvia, coquíes y grillos nada se escuchaba en la calle. 

Además, sucedió sorpresivamente, como suelen acaecer este tipo de cosas. Yo buscaba algo para distraerme. Simplemente algo que, distracción aparte, también me hiciera sentir vivito, que disipara un chin las alarmas y las sospechas que pululan por doquier. Algo que me hiciera sentir bien y que me ayudara a romper el preseo a cancha completa de este aislamiento forzado. No sé a ustedes, pero a mí la condición claustral me da un poco de repelillo. Así que la búsqueda de ese algo resultaba apremiante. 

Me urgía que el algo buscado igual sirviera para escapar a ese otro preseo que es el bombardeo de noticias, comentarios, embustes, histerias, estadísticas de contagios, cagadas institucionales, recelos, regaños, plegarias, notas motivadoras, artículos científicos y un larguísimo y apabullante etcétera que congestiona las redes sociales en estos tiempos de apocalipsis virales.  

Algo. Y a esa hora cualquier cosa servía asimismo para obviar la narrativa de tragedia irreversible, de hecatombe, de fin de la humanidad que acecha las veinticuatro horas. Vamos, la cosa es seria, pero prefiero que me mate el virus y no la ansiedad desbocada. 

Entonces me topé con una canción de Diego Vasallo, exintegrante de Duncan Dhu. Guitarra acústica. Voz de hombre aterciopelada. Una de mujer susurrando. El bandoneón reforzando la onda nostálgica. Y una letra que empieza diciendo: los golpes duelen, la vida mata, el tiempo cura, los días pasan… 

Y yo dije: Josué, para de buscar. Lo hallaste. Porque esas líneas cantadas me entraron en el sistema como un chutaso de desengaño. De cruda realidad. Sin esos adornos propios de la doctrina del frosteo tan al uso hoy día.

La vida mata. Qué más necesitaba saber al final de un martes. Pude dormir tranquilo, plácido, escuchando una y otra vez esa canción de cuna para adultos.

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