Ingrid Vila Biaggi

Tribuna invitada

Por Ingrid Vila Biaggi
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Cansados del “aguante”

Cada vez vemos con mayor frecuencia instancias en las que ciudadanos dejan a un lado la indiferencia, para alzar su voz y reclamar que se respeten sus derechos, cansados ya de aguantar atropellos. En el extremo opuesto están los que creen que la participación democrática es un estorbo, que prefieren mantener una muralla que les permite adelantar, en cuartos oscuros, sus proyectos e intereses. Éste es el caso del incinerador de Arecibo.

Los proponentes del incinerador y sus portavoces procuran impulsar a toda costa un proyecto gestado a espaldas de la ciudadanía, pero las comunidades no están dispuestas a ceder y exigen que este asunto se discuta sobre la mesa, en igualdad de condiciones. Es mucho el dinero en juego, y es por ello que los proponentes no han escatimado en emplear tácticas inmorales y difamatorias. Tratan de minar la credibilidad de los ciudadanos, como último recurso de acción, acusándolos de que responden a lucros personales y favores. Nada más lejos de la verdad. El ladrón juzga por su condición. ¿Acaso es difícil comprender que todavía existen en este país ciudadanos con verticalidad, personas dispuestas a defender sus convicciones y que no bailan al son del dinero?

Frente a la oposición, tratan de comprarlo todo, ignorando que hay cosas que no tienen precio. Se abusa de comunidades vulnerables como aquéllas en Arecibo en donde residen don José y doña Marta, a quienes llamo así para protegerlos de ataques inescrupulosos.

Don José es un ingeniero retirado, de 69 años, con tres hijos y 4 nietos, casi todos asmáticos. Vive en una casa sencilla con techo de zinc, donde dice tener todo lo que necesita para luchar en contra del incinerador porque no quiere que la salud y calidad de vida de sus nietos continúe en detrimento.

Doña Marta tiene 68 años, es maestra retirada y padece de asma y diabetes. Tiene tres hijos y una nieta, todos asmáticos. Su madre murió de cáncer. Su nieta está en el cuadro de honor y dice que por ella se mudaría si construyen el incinerador, pero advierte que continuará en esta lucha porque reconoce que la mayoría en la comunidad no tiene la oportunidad de mudarse a otro lugar. Éstos son sólo dos de los miles que han aguantado por décadas la contaminación ambiental en la región de Arecibo.

Los proponentes del incinerador creen que es fácil atropellar a personas como don José y doña Marta, ellos no cuentan con grandes recursos económicos ni con acceso a donde se toman las decisiones. Pero, al igual que muchos ciudadanos, cuentan con algo más poderoso: voluntad y determinación para defender sus derechos. Voluntad y determinación para combatir la costumbre de que se beneficie a unos pocos a expensas del bienestar de la mayoría. Voluntad y determinación para denunciar acuerdos sórdidos, tomados sin el consentimiento de los ciudadanos, en donde se nos priva de democracia y se le da luz verde a proyectos que no hacen sentido.

En la reunión pública organizada por el Departamento de Agricultura federal, que evalúa financiar la incineradora, presenciamos el más reciente ataque a los derechos de estas comunidades. Una reunión pública coordinada en día de semana y en horas laborables, en la cual los participantes eran recibidos por policías armados de Homeland Security, como si fueran terroristas. Una reunión donde no había nadie para escuchar los planteamientos de los presentes, cuando la agencia sí ha escuchado en varias reuniones los planteamientos del proponente. Una reunión “informativa” donde los representantes del Gobierno federal no contestaban preguntas porque no tenían información del proyecto. Una reunión pública donde el proponente, en ocasiones, borraba de la lista a aquéllos que querían hacer una expresión.

Aun ante estos actos de represión que parecen vestigios del “macartismo”, vemos una comunidad que no se deja amilanar, unida en propósito y combativa. Luchan por la salud y el ambiente y por defender sus derechos ante los que tratan de coartarlos. Es la lucha contra el incinerador, pero también es la lucha más amplia por derribar los muros que tratan de impedir a los ciudadanos vivir en la democracia. En Arecibo se cansaron del “aguante”.

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