Wilda Rodríguez

Tribuna Invitada

Por Wilda Rodríguez
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Capitalizar el desastre

De noche, la choza frágil de madera carcomida y techo de zinc parpadeaba con la luz que emitía el televisor.

Ya no más. No es costo efectivo devolverle la energía eléctrica generada por petróleo a la casita esa en la montaña donde también había una nevera para enfriar un padrino de refresco, un litro de leche, un cartón de huevos y las sobras de la comida de ayer en sus cacerolas.

La familia de la casita ya decidió que se muda a Orlando con la incertidumbre a cuestas y la humillación de saber que su vida no es costo efectiva para el país que ama.

En la ciudad, en una urbanización de clase media trabajadora, hay otras familias que ponderan la misma decisión. Estas saben que regresará la luz. Después de todo es la ciudad. Lo que no saben es cuándo. No hay manera de lavar y planchar los uniformes de los nenes y la ropa decente para salir a buscar otro trabajo. No hay manera de planificar prosperidad alguna para el día, la semana, el mes, el año siguiente.

Jóvenes de todos los sectores, talentosos, vibrantes, se arrancan el cordón umbilical con el barrio, los viejos y los panas, y se van. Muchos dejan el carro que no pueden pagar en el aeropuerto y se montan en un avión para el que hacen la última fila en su patria.

Una teoría es que el capitalismo conspira para vaciar el país y María le ayuda. Que quiere convertir la isla del encanto en bienes raíces para millonarios, un resort gigantesco. O en paraíso de impunidad inversionista y fiscal para la avaricia de empresas explotadoras de obreros no diestros, empresas contaminantes o experimentales, incluso mineras.

O vienen tras el agua como nuevo tesoro mundial. O se trata de un capitalismo salvaje desesperado que muerde y no suelta (The Shock Doctrine, Naomi Klein).

Algunos se refieren a la teoría de la expulsión como un proceso sistémico (Expulsions, Sasska Hansen). Al post liberalismo como secuela del neo liberalismo o capitalismo del desastre para manejar el caos a favor de los mismos que lo propiciaron.

Cualquiera de esas cosas requiere una población débil y vulnerable, enajenada por la miseria, desesperada de necesidad, que no entorpezca los planes del capital.

No soy optimista. Reconozco que todas esas teorías hacen sentido. De lo que no estoy tan segura es de que se trate de un plan al detalle.

El capitalismo se pare a sí mismo y busca la manera de prevalecer y obtener más ganancias que la vez anterior. Pero también improvisa. No me hace sentido que el americano quiera aumentar la población puertorriqueña en el continente a propósito, por todo lo que eso implica y que no tengo que explicar aquí.

El desplazamiento a los estados es un efecto secundario con el que bregarán a la trágala peleándose incluso entre ellos mismos en el show eterno entre demócratas y republicanos.

El plan es sacarle capital al desastre a como de lugar.

Ese provecho requiere un Puerto Rico más dócil y maleable que ya el poder gestaba y María se lo acaba de poner en bandeja. Requiere el contubernio con los buitres nativos que recogen las suculentas migajas del banquete mortal.

Mi pregunta es dónde y cómo nos insertamos los peleones. Cuándo y cómo empezamos a combatir esta batalla de la expulsión. Cómo atacar y liquidar los buitres nativos. Cómo combatir la complicidad de un gobierno colonial que gruñe pero no araña. Cómo hacer aliada a la diáspora sin resentirla y regañarla.

Siempre he sostenido que el plan del americano es mantener a Puerto Rico como colonia permanente. Pero no creo que el americano se las sepa todas. Ahí es que tenemos que insertarnos y provocar el disloque.

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