Nilsa Pietri Castellón

Tribuna Invitada

Por Nilsa Pietri Castellón
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Carmen Yulín Cruz: un reto a su propio partido

El grito de “¡Sin miedo!” que lanzó hoy Carmen Yulín Cruz al Partido Popular Democrático no es un lema de nueva cuña, sino que evoca el resurgimiento de esa colectividad política en 1980, cuando estuvo a punto de reconquistar la gobernación perdida cuatro años antes.

Fue el año de las elecciones cerradísimas entre el entonces gobernador Carlos Romero Barceló y el exgobernador Rafael Hernández Colón, que había perdido la misma contienda en 1976, principalmente por los efectos de la crisis del petróleo.

Fue el año en el que Hernández Colón fue proclamado gobernador electo en la noche de los comicios y el mismo en el que, eventualmente, el histórico recuento de Valencia declaró ganador a Romero Barceló por el escaso margen de 3,000 votos.

Hernández Colón perdió, pero el PPD ganó gran parte de las alcaldías, así como el control del Senado y, tras un pleito judicial por el distrito 35, también el de la Cámara de Representantes.

El “¡Sin miedo!” de 1980 llevó la firma de la exprimera dama Inés María Mendoza, quien recién acababa de enviudar del exgobernador Luis Muñoz Marín, fallecido el 30 de abril de ese año.

El alicaído PPD, cuyo liderato había recuperado un año antes Hernández Colón tras dejarlo un tiempo en manos de Miguel Hernández Agosto, se alzó ante el llamado y resurgió de las sombras a las que lo había lanzado la caída de 1976. A pesar de la eventual derrota de su candidato a gobernador, fue el año en el que el PPD demostró que aún podía ser un partido fuerte.

El Partido Popular actual se debate en ese mismo mar de dudas que lo afligía en 1980 hasta que doña Inés lanzó la consigna. Falta ver ahora si Carmen Yulín Cruz puede generar el fuego que sin duda prendió la viuda de Muñoz Marín hace exactamente 39 años.

Cuánto de aquel “¡Sin miedo!” de doña Inés inspira hoy a Carmen Yulín Cruz es un misterio, de la misma forma que no podemos saber si el llamado inspirará a los populares de ahora como a los de aquella generación.

Los jóvenes de entonces ya no lo son, y los de hoy ni siquiera habían nacido para aquellos años.

Más aún, el PPD de entonces –liderado por un Hernández Colón que postulaba una “nueva tesis” autonomista- se parece poco, o nada, al de ahora, un partido dominado por dirigentes de centro-derecha en el que se ha acallado hasta el silencio sepulcral al ala más liberal.

Carmen Yulín Cruz sabe eso porque lo ha sufrido en carne propia. Esa dirigencia actual la desprecia y, hasta hoy, poca gente pensaba que ella le tuviera aprecio al partido mismo.

Al anunciar que buscará la candidatura a la gobernación por el PPD, Cruz sabe que tendrá que enfrentarse a la maquinaria que seguramente respaldará a Roberto Prats o a Eduardo Bhatia, parecidos entre sí y diametralmente opuestos a todo en lo que ella cree.

¿Porqué decidió lanzarse al ruedo para la lucha más dura en vez de escoger el camino llano de la candidaturaa comisionada residente en Washington?

Ahora toda respuesta es pura especulación. Serán los meses venideros los que darán contestación a la interrogante.

De momento, parecería que es su propio arrojo personal, su negativa a rendirse, su vocación por hacer las cosas a su modo, lo que la ha hecho tirarse a aguas profundas y retar a su propio partido a reconocerla.

Ese “¡Sin miedo!” escrito en su camiseta que más parece llevarlo grabado en el corazón.

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