Mayra Montero

Punto de vista

Por Mayra Montero
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Carmen Yulín no tiene quien le escriba

Llevar a la alcaldesa de San Juan, Carmen Yulín Cruz, de compañera de papeleta para ocupar la Comisaría Residente en Washington, es un suicidio si Bernie Sanders no resulta electo presidente de los Estados Unidos. Y si resulta electo, más o menos también.

He oído por ahí que la alcaldesa sería una Comisionada Residente ideal por sus buenas relaciones en Washington. ¿Qué relaciones? ¿Cuál es en realidad la percepción de su figura entre demócratas y republicanos con los que tendrá que verse la cara diariamente, cuatro años, en la Cámara de Representantes? ¿Qué agenda puede adelantar ella que sea consistente con lo que siempre ha pregonado? Descolonización, eliminación de las leyes de cabotaje, revocación de la Ley Promesa, supresión de la Junta Fiscal o de cualquier otro instrumento que controle las finanzas del país.

Su presencia en Washington sería un anticlímax. Ya ella tuvo su momento como la niña Greta del huracán María. Y con María hay que pasar la página de una vez por todas, no podemos quedarnos colgados de un huracán, compadeciéndonos durante años. Hay que echar para adelante, como otros países que han sufrido catástrofes similares, sin olvidar a las víctimas, pero superando de una vez el duelo. El duelo de María cumplió ya dos años y hay que matizarlo con prioridades nuevas. 

¿Qué promete reclamar Carmen Yulín en Washington, o qué conquistas se propone alcanzar? Más sentido tiene aspirar a la gobernación aquí. Pero ir a Washington, al corazón del imperio, a codearse con la misma gente que, una vez derrotado Sanders, quedará fuera del juego, ¿qué utilidad puede tener? La comisaría es uno de los cargos más peliagudos porque en el amplio espectro de todos los puestos electivos, es el más colonial. Demanda una actitud especial, un balance ideológico y de temperamento que la alcaldesa no tiene.

Por eso David Bernier le dijo que “ya verían”, lo que en el argot del desamor y la política tiene una traducción muy socorrida: “No me llames, que yo te llamo”.

En los planes de David Bernier, ni de sus asesores (si es que ya los tiene), está para nada hacer campaña con Carmen Yulín. Para entonces, para cuando nos vayamos acercando a lo más álgido de la contienda electoral, la jueza Laura Taylor Swain habrá tomado una decisión con respecto al Plan de Ajuste de la Deuda, formulado por la Junta de Control Fiscal. Con sus defectos y sus virtudes, ese Plan es la mejor limonada que ha podido exprimírsele al enloquecido limón que se cernía sobre nuestras cabezas. Si la alcaldesa se propone mantener sus ideas, ¿qué va a prometer con respecto a la realidad ya consumada? ¿Echarlo todo atrás, intentar revertir los acuerdos, causar una confrontación que arrastraría a Bernier o a cualquier otro que aspire a la gobernación? Eso es imposible. La comisaría residente es un brazo contemporizador, un vínculo entre el gobernador y la metrópoli. Así fue concebida por la Ley Foraker hace 119 años, y así se ha mantenido, con algunas variaciones que son más bien cosméticas.

Por si no se dio cuenta, Carmen Yulín debe saber que, desde el primer instante, Bernier le dijo que con ella nada. Volvió a encontrarse con el esgrimista, en el marco de un evento deportivo, y entonces el otro recurrió a la frase insondable: “No eres tú, soy yo”. Era él, sí, que todavía no había decidido si iba a correr, mentira piadosa para que la alcaldesa lo dejara quieto.

Carmen Yulín se rindió a la evidencia y anunció su candidatura a la gobernación, que parece estar en horas bajas. Si Bhatia la quiere de compañera de papeleta, él sabrá. Si la quiere Prats, veremos. Si es Zaragoza, que lo diga rápido. Tal vez podrían quererla en Victoria Ciudadana, pero hay amores que matan, y allí parece que ya se repartieron el pastel.

El problema fundamental de Victoria Ciudadana es que, para ser consecuentes con sus planteamientos, tendrían que suprimir la Ley Promesa, cortándoles el agua (ni un vaso a la Jaresko), y acometiendo una auditoría de la deuda cuando ya el Plan de Ajuste esté aprobado y puesto en marcha por los tribunales federales.

En un final, lo que se desprende de la historia publicada por este diario sobre las confesiones de Carmen Yulín y sus diálogos secretos con Bernier, es que la alcaldesa de San Juan anda buscando empleo. Un candidato que le pida que lo acompañe en la papeleta. 

Me temo sin embargo que, como al coronel de la historia, ya ella no tiene quien le escriba.


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