William Félix

Tribuna Invitada

Por William Félix
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Carta a mi sobrino, futuro médico

Creciste en un abrir y cerrar de ojos. Cambié tus pañales y te daba de comer. Hoy, entre besos y abrazos te despido. Dejas tu hogar y comienzas el largo camino para convertirte en héroe anónimo. Sabía que llegarías lejos, jamás pensé que seguirías mis pasos... mi querido sobrino y futuro médico. 

Sabes cuán sacrificado, tortuoso y edificante ha sido mi caminar. Si pudiese dar marcha atrás, lo haría mil veces más. Sobre todo, empiezas a entender cuántos mitos se perpetúan en nombre de nuestra vocación. 

Muchos piensan que el diploma va acompañado con la concesión de una cuenta de banco boyante. No conozco otra profesión en la que se incurra en tanta deuda antes de comenzar a ejercer. Sé que no es tu intención, pero si te ha pasado por la mente ser millonario, busca otras alternativas, como pegarte en la Lotería o ser artista de cine. Contrario a la idea de antaño, la medicina no te hará rico. 

Tu sacrificio comienza hoy, cuando pases interminables horas detrás de los libros mientras tu familia y amigos gozan del sol veraniego. Tu piel se tornará pálida mientras tu cerebro hará malabares para contener y procesar tanta información. Vivirás sin querer en un capullo, aislado del presente mientras miras al futuro. No te preocupes, la intensidad de este proceso disminuirá. Pasarás del salón de clases a las aulas donde realmente se aprende... el hospital y tus pacientes. Te advierto, esta transición viene con un toque de quebranto.  

Es inevitable. Experimentarás frustración e impotencia; no todos sobreviven. Verás el dolor y sufrimiento en su forma más pura y primitiva; serás testigo de la fragilidad de la vida. Tendrás que contener las lágrimas mientras te tilden de insensible. No lo tomes personal, es cuando más te necesitan. En ocasiones serás el “chivo expiatorio” del paciente que ya no tiene alternativas. Ponte en su pellejo, entiende su dolor. Extiende tu mano y mírale siempre a los ojos. Serás lo único que le quede, y en ocasiones, la imagen de tu rostro la última memoria en su paso terrenal. Nunca sientas pena, sino compasión y solidaridad mientras pasas tu mano sobre sus cabezas durante en el último suspiro. Luego, escóndete y llora en silencio. 

No todo es tristeza. Precisamente ese sentimiento de impotencia mantendrá tus pies firmes en la tierra. Sentirás el deseo de continuar la incesante búsqueda de respuestas y soluciones. Querrás convertirte en ese personaje ficticio que todos idealizan pero no existe: el médico que no respira o pasa hambre y con afán, salva al mundo. Ese altruismo no te eximirá de pagar tus cuentas o mantener vigente las operaciones de tu práctica; tendrás que comer. 

Siempre habrá detractores; entes que en su ignorancia e insatisfacción crónica descargarán sus inseguridades en tu título y persona. Sin embargo, podrás ver más allá y les ayudarás aun cuando no se agradezca tu gesta.

Trata siempre de tomar la mejor decisión en pro de tus pacientes balanceando cerebro y corazón. Sabrás que así lo has hecho al contestar afirmativamente estas preguntas: ¿Haría lo mismo si se tratará de mi o mis seres queridos? De repetirse tal situación, ¿actuaría de la misma forma? Impacta tu entorno, se el cambio. Salva una vida a la vez.

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