Eduardo A. Lugo Hernández

Tribuna Invitada

Por Eduardo A. Lugo Hernández
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Carta a padres y madres de los borillenials

Los pasados doce días han sido intensos para mí como profesor universitario y mentor de muchos/as estudiantes. A través de este periodo, en el que hemos ido desde la indignación hasta la acción, he visto como algunos de ellos y ellas se han expresado a favor de la renuncia del gobernador utilizando diversas estrategias. 

Estas han incluido marchar, y utilizar las redes para movilizar y educar y expresiones artísticas para ejercer su derecho democrático. Su acción social y política ha sido hermosa, consistente y contundente. 

Sin embargo, no todos han podido expresarse en las calles como desean. La razón no ha sido estar en desacuerdo con la exigencia de renuncia del gobernador, sino los miedos y las alianzas políticas de sus padres. Padres y madres con miedo por la seguridad de sus hijos e hijas porque pesa en sus mentes y corazones las imágenes de confrontación entre la Policía y manifestantes.  Esto a pesar de que las manifestaciones han sido en su gran mayoría pacíficas. 

Estos miedos han sido infundidos, no solo por la cobertura a veces sesgada de algunos medios, sino por la memoria histórica de eventos sangrientos en nuestro pasado que han generado un trauma colonial profundo.

La otra razón es la alianza de los padres y madres a algunos partidos. Y con esto no me refiero solo al fanatismo político que severamente sufre este país, sino al sentir de que sus trabajos o literalmente su comida (necesidades básicas), en algún momento fueron debidas a las decisiones de los azules o rojos. 

Mis estudiantes, particularmente aquellos que provienen de familias estadistas, han sido tildados de malagradecidos por sus padres. Otros temen represalias en sus empleos si ven a sus hijos e hijas manifestarse en contra de este gobernador. El trauma que ha generado el asistencialismo manipulador y el partidismo asfixiante ha rendido a esta generación de padres y abuelos inmóviles. Algunos se han engañado por décadas pensando que eran activos políticamente porque salían en masas a votar. Se engañaron pensando que solo esto era democracia.

Padre que me lees, por décadas has sufrido el trauma colonial al cual este país ha sido subyugado por generaciones. Este trauma te ha llevado a pensar que protestar es de izquierda, que la democracia es voto y que debemos “nuestras habichuelas” a los partidos y a Estados Unidos. 

Tus hijos e hijas, los borillenials, aquellos/as a los que tanto criticamos por estar desconectados e indiferentes, se cansaron del trauma. María les enseñó que pueden sobrevivir con poco y que se pueden levantar de circunstancias devastadoras. María les enseñó que la resiliencia es autogestión, empoderamiento, resistencia y que juntos podemos levantar comunidades a pesar de la incompetencia y corrupción gubernamental. 

Aprendieron que anhelan un gobierno sin corrupción; que sus colores son los de nuestra bandera y no los del partido. Este aprendizaje, que es más de lo que un profesor como yo puede darles en el salón de clase, les quitó el miedo, porque entienden que su futuro no está en manos del gobierno, del color que sea, sino en su compromiso social y político. Hoy, déjalos trascender el trauma por ellos/as, tus nietos y el futuro del país.

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