Luis Rafael Sánchez

Desnudo Frontal

Por Luis Rafael Sánchez
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Carta de un rifle AR-15

Soy nada más que otro rifle AR-15 con la capacidad mecánica de disparar seguido y a gran velocidad. Soy idéntico al rifle que utilizó Nikolas Cruz para efectuar la matanza de Parkland. La furia inexplicable del victimario y el desamparo absoluto de las víctimas pasearon por el mundo una brutal secuencia gráfica de la capacidad del ser humano para atrincherarse en el terrorismo y matar a sangre fría. El terrorismo o la locura, que aún no se adjudica el móvil tras dicha matanza.

Todos coincidimos en el peligro que supone que un loco nos adquiera. No todos coincidimos en el peligro que supone que un vendedor de armas pueda vendernos sin saber si el comprador está cuerdo o está loco.

Alarma tanta elasticidad comercial, tanto hacerse de la vista gorda frente a las desgracias que provocan el terrorismo y la locura. Por cierto, mortificados por su ocurrencia frecuente los tremendistas consideran el terrorismo como cáncer del alma y la locura como cáncer de la mente.

Me disculpo por el uso de la palabra locura, esa palabra que la sicología jubiló dadas las consecuencias funestas que acarrea. Estamparle el marbete de loco a fulano o zutano precipita su aniquilación social. Igualmente aniquilan los calificativos a que da pie la palabra de repente X: “loquicuerdo, cuerdiloco, tostao, craqueao, sesihuérfano, problemático, conflictivo, raro”.

No quiero ofender, pero el ser humano lleva un loco consigo, se encuentre en reposo amable o escupiendo fuego como los volcanes. De ahí que se le haga difícil al vendedor de rifles separar los cuerdos de los locos.

Hay locos que pasan por cuerdos sin despertar sospechas. A los locos más afortunados el disfraz de cuerdo los encumbra y hasta les permite ocupar posiciones que exigen el apego a la razón inmaculada. ¿Requiere de talento la locura? No lo sé. Sé que le endilgo a la palabra loco el mismo trato prejuiciado que le endilgan ustedes. ¿Implico que los prejuicios se contagian? Lo implico.

Repito, soy un rifle AR15, idéntico al que utilizó Nikolas Cruz para efectuar la matanza de Parkland. Idéntico aun cuando somos alrededor de cuatro millones los rifles AR-15 repartidos a lo largo y ancho de nuestra gran nación y sus territorios subordinados.

Los expertos reconocen nuestra excelencia uniforme. Los cuatro millones pesamos lo mismo, medimos lo mismo y costamos lo mismo. ¿Entienden por qué, aun queriéndome distinto, me proclamo idéntico al rifle hoy célebre?

La participación en la matanza del rifle hoy célebre fue forzada. Jamás rifle alguno padeció el “deseo de matar gente” que padecía Nikolas Cruz, según el comentario suyo de meses atrás.

Un deseo de cumplimiento casi rutinario en las sociedades donde los rifles somos artículos de primera necesidad, por el estilo de las chuletas de cerdo, los detergentes y el papel sanitario.

Dije artículo de primera necesidad. Añado artículo de devoción. Una iglesia de feligresía numerosa acaba de realizar una bendición masiva a los rifles. Mientras unas iglesias alzan la cruz en señal de fe y esperanza otras alzan el rifle en señal de fe y esperanza. ¡Cuántas atrocidades cometen los humanos en loor a sus dioses!

El paso de los días aumenta la consternación por las matanzas ocurridas en la escuela “Marjorie Stoneman Douglas” en Parkland. Y cómo no va a aumentarla si el terrorismo o la locura indujeron a un muchacho de diecinueve años, armado de un rifle AR-15, a segar las vidas de catorce estudiantes en la edad cuando soñar constituye deber. Como si fuera poco también segó las vidas de tres adultos que los alentaban a materializar sus sueños.

La consternación inspiró la flamante “Marcha por nuestras vidas”, cuya asistencia desbordó la Washington sumida en una primavera invernal. La avaricia de los industriales de la muerte y la complicidad de los políticos beneficiados por la avaricia empujaron a millón y pico de personas a washingtonear al compás del retumbante “Basta”.

Desde la atalaya que me improvisó un hombro policial vigilé la marcha. Fueron horas suficientes para ensoñar mi negativa a volver a disparar seguido y a gran velocidad. Y también para ensoñar la resistencia a ver el rostro angustiado de quien mataré un instante después. Aun siendo nada más que otro rifle AR-15 uno se quiere dar el segundo chance.

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