Mayra Montero

Tribuna Invitada

Por Mayra Montero
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Casi casi candidata

La avanzadilla del que fuera candidato a la gobernación en 2016, el dentista David Bernier, parece ser su esposa, la animadora y actriz Alexandra Fuentes, que revive en estos días una pieza teatral, “Casi casi primera dama”, llevada a las tablas poco después de la derrota electoral de su marido frente a Ricardo Rosselló.

Los resultados de la encuesta de hoy sobre quién prevalecería en las primarias del Partido Popular, indican una sola cosa: de lanzarse Bernier, la alcaldesa Carmen Yulín Cruz ya no tendría nada que hacer, a menos que quiera sustituir a Fuentes con otra pieza teatral a la que solo habría que cambiarle una palabra: “Casi casi candidata”.

Si los números están así mientras Bernier mantiene un perfil bajo, dedicándose a blanquear incisivos y empastar molares, ¿qué no será cuándo vaya a San Benito de Patillas, a la casita de sus padres, y acepte en olor de multitudes el desafío a la gobernación? Su hija Miranda, con más cacumen que los legisladores (o, como decía mi abuelo, más lista que el hambre), ha crecido. Tomarla en cuenta.

El 15% que votaría por Bhatia, y el 8% que lo haría por Prats, unido al 2% que favorece a Zaragoza, componen un 25% que, viendo las pobres posibilidades de sus favoritos, se volcaría completito en Bernier. No sé qué caminos tomarán los electores que nutren el 4% que saca Josian Santiago, alcalde de Comerío, y el 3% que sumaría su homólogo de Isabela, Carlos Delgado Altieri.

Lo cierto es que la alcaldesa sabía, o ha debido suponer, que la decisión de permanecer en un partido conservador era arriesgada. Su discurso no encaja con esa masa de votantes cuyo espíritu en el fondo es cauteloso, tradicionalista (el sepelio de Hernández Colón lo demostró con creces), y rehúsa exponerse al “susto” de la soberanía y la guerra abierta con la metrópoli. Si las condiciones estuvieran dadas para eso, que no lo están, ganaría directamente la independencia. Los extraños brebajes y las ambigüedades son opciones peligrosas, y los cambios en una colectividad política tienen que producirse de abajo hacia arriba. ¿Se ha producido esa transformación soberanista en la base popular? ¿Se palpa esa inquietud y la efervescencia necesarias? Por ahora no, ni de lejitos. Cuando no se entienden los conceptos, no porque la gente no sea capaz, sino porque son contradictorios, cunde la desconfianza.

Para la alcaldesa, abandonar el partido, tal como lo han hecho otros, hubiera sido medir fuerzas de una manera tajante, por el peso de sus convicciones, no las del PPD, y salga el sol por donde salga. Quedarse en una colectividad, a ver si gana la candidatura, para que luego le voten por inercia los populares que no tienen más remedio (espiritual) que irse con ella, es una jugada fulastre.

A estas alturas, a Bernier le deben estar calentando la oreja con ese resultado que muchos no se esperaban. El hombre apenas se ha dejado ver o sentir, tuvo unos minutos de televisión en las misas de cuerpo presente, y supongo que luego volvió a la paz de un anonimato que ahora sabemos que trae su sorpresita. Asoma en el periódico de hoy como “la gran esperanza roja” entre el ramillete de candidatos que se irán alineando según se pongan a repensar sus verdaderas opciones. La alcaldesa no puede esperar que los que desistan le van a dar su apoyo. Más bien lo contrario.

A esto súmele lo que muchos en el país sospechan: que una vez aferrada a la candidatura y eventualmente encumbrada a la gobernación, Yulín Cruz recibiría infinidad de facturas políticas. Apoderada ella de la estructura de un partido que aún mantiene su personalidad y sus cimientos propios, sus adeptos van a querer sentarse a la mesa, como es natural. Se produciría una migración en masa hacia el PPD —bueno, masa es un decir, de minorías colaboradoras de la alcaldesa— y pasaría lo que a lo mejor al final debe pasar: el partido se convertiría en una olla de grillos.

Entre ese sector vetusto, que ahora apenas controla, y de hecho la encuesta demuestra que ni los propios populares saben quién controla, y la alcaldesa que lo quiere virar todo al revés, emerge la figura que garantiza una continuidad bondadosa, sin estrépitos, higiénica como los baberos dentales.

De hoy en adelante, la alcaldesa deberá revisar sus estrategias. Tampoco faltarán las voces que tratarán de convencer a Bernier de que no le haga ese hueco a la candidata. No obstante, por sí o por no, Yulín Cruz debe ajustar los planes a la presencia de un contendiente que, a juzgar por lo que arroja este sondeo, puede significar su derrota.

Casi casi un naufragio.

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