Pepo García

Punto de vista

Por Pepo García
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Causa y efecto: la cadena del coronavirus

Es bien sencillo; todo es una cadena. Ante la primera experiencia de muchos frente a una pandemia que naturalmente eleva los niveles de adrenalina, esto se complica más cuando esa pandemia se está acercando al lugar o el país donde vives. Y los niveles aumentan más si perciben que los gobiernos encargados por velar la salud pública, la que tiene que ver precisamente con las epidemias y pandemias, no le están dando el grado de seguridad que requiere, o la población percibe que no están atendiendo el peligro de manera efectiva. Todo ese conjunto de situaciones provoca que se desate una histeria.

Entonces culpan a la prensa porque están abonando a crear pánico, cuando en realidad a la prensa le toca informar, educar, investigar, fiscalizar y denunciar lo que el gobierno está haciendo mal públicamente para, precisamente, meterle presión al Estado y se hagan las cosas correctamente y como todos esperan, sin que esté presente la maldita mano de la política o los politiqueros. Esa es la función de la prensa.

Minimizar está pandemia porque solamente muere un por ciento aproximado de 3.4% es no proteger a nuestros adultos mayores. Muchos de ellos tienen la vacuna contra la influenza - la que comparan que es peor, para restarle importancia a esta pandemia - pero ninguno está vacunado contra el coronavirus, porque sencillamente no existe una vacuna. Y mientras más aumentan los contagios el número de fatalidades sigue subiendo, lo que hay que frenar, como muchos países han hecho, con medidas agresivas, aunque no muy simpáticas. 

Desde que el COVID-19 salió de China y se comenzó a propagar era de esperar que en cuestión de semanas llegara a Puerto Rico. Hemos tenido tiempo suficiente para haber estado preparados en los asuntos más elementales, pero cuando los primeros comentarios fueron que China estaba lejos y no había vuelos directos, o que Italia estaba cerca de China... Es lógico pensar que al escuchar eso muchos ciudadanos se preocuparon porque no se sentían seguros, no veían a alguien hablando de un plan estratégico, y eso contribuyó a aumentar los niveles de ansiedad. 

Son aproximadamente tres semanas intensas de aislamiento social, pero atiendes el problema y matas pronto el problema. La población está más segura de que con esa acción van a salir del miedo y la histeria en que se encuentra; de esta manera se vuelve a la normalidad más rápido.

Y ante situaciones como estas no hay de otra que protegerse uno mismo. Pero le corresponde al Estado, pagado con nuestros impuestos, proveer los mecanismos para atender la salud pública de manera efectiva y con los más altos estándares salubristas y de peritaje en la materia. Porque cada error que cometan cuesta vidas, la inmensa mayoría de los adultos mayores, la llamada población vulnerable. 

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