Ada Torres

Punto de vista

Por Ada Torres
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Celimar y el momento del basta ya

Ser mujer en Puerto Rico es un fenómeno peculiar. No vivimos digamos en Irán, donde en el 2013 descalificaron a todas las candidatas a la presidencia; pero tampoco vivimos en Suecia donde es ley la plena igualdad entre géneros. Vivimos en un diminuto terruño que se cree y se ve a sí mismo como de avanzada... pero detrás de ese espejismo estamos más cerca del atraso que del avance. 

Puerto Rico vive aislado en un “ziplock” sociológico del resto del mundo. Miramos todo lo revolucionario que pasa, desde el movimiento #MeToo, #Time’sUp hasta el grito mundial de voces cantando la consigna de #ElVioladorEresTú, y colectivamente (con honrosas excepciones) lo observamos como si se tratara de una película mientras nos comemos el popcorn de la anestesia. Luego, tal y como sucede con el cine, lo olvidamos como algo que se queda atrás y que realmente no tiene impacto duradero en nuestra realidad. Y así, de espaldas al mundo, nos conformamos con esta identidad de país moderno “light”, que no menea mucho el bote, y que vive esperando que los cambios se den en otras fronteras. 

El caso de Celimar Adames viene a destapar una realidad muy antigua que todo el mundo que trabaja, ha trabajado o conoce de la industria de la televisión en Puerto Rico, sabe que es innegable. Está ahí. Todas y todos lo sabemos aunque se discuta solo a susurros por los pasillos. Muchos tratan de ignorarlo. Otros justificarlo. Pero todos lo sabemos. 

Hablo con experiencia presencial en este juego. Mi relación con Celimar data de cuando yo ocupaba la posición de ancla de Noticentro y ella era productora. Desde que nos conocimos, la amistad fue instantánea. Celimar es de las personas más resilientes, leales e íntegras que he conocido, dentro o fuera de la televisión. Cuando decidí renunciar a Wapa TV para perseguir mis sueños de empresarismo, la apoyé e hice campaña abierta para que fuera ella mi sucesora y así ocurrió. La vi desarrollarse brillantemente y convertirse en esta presencia que comanda credibilidad, seriedad, profundidad, empatía y transparencia. Celimar está clara donde otros se confunden. Sabe que es periodista, no farándula. Es estrictamente privada con su vida. Sabe que su carta de presentación es que cuando habla, la gente escucha. 

Entre ese momento, en el 2002, hasta este día, nada ha cambiado ni en Wapa TV, ni en la industria en general. A través de todo el espectro de la televisión local ser hombre, no importa el talento o falta del mismo, significa automáticamente una recompensa mayor. Así de sencillo. 

En pleno siglo 21, cuando país tras país, desde Francia hasta Dinamarca, desde Letonia hasta Luxemburgo, han aprobado leyes que obligan a la igualdad laboral y de derechos de género, nosotros en Puerto Rico seguimos con nuestras ideas de la década de los ‘60 cuando nuestras madres agradecían cualquier pase temporero al mundo que solo habitan los hombres. 

Cuando se le paga a una mujer menos por el mismo trabajo que un hombre, el impacto es mayor que meramente la cifra en un cheque. El Foro Económico Mundial estima que tomará 217 años eliminar por completo la disparidad entre ambos sexos en todo el globo. ¿No es esto absurdo? Y para añadir insulto a la injuria, a la hora de retirarnos, las mujeres cobramos pensiones de hasta un 40% menos que los hombres, lo que por supuesto, alimenta el fenómeno de la pobreza femenina. 

La desigualdad nos marca la piel y el alma como el carimbo desde que nacemos y nos acompaña en los estudios, en el trabajo y hasta en el retiro. La sociedad boricua tiene un sitio muy específico para las mujeres, y ese lugar se recoge en la malgastada frase: “calladita te ves más bonita”. 

El caso de Celimar puede ser la punta de lanza que cambie este panorama, que va mucho más lejos de los portones de Wapa TV. Este caso tiene el potencial de marcar una separación, entre antes y después. A ese monstruo vergonzoso del discrimen por razón de sexo, a quien nadie en Puerto Rico ha querido enfrentar, ni procuradoras de la Mujer, ni gobernadoras, ni el mismo aparato federal, este caso le puede dar un golpe magistral tipo David derrotando a Goliat.   

Estamos en un hito histórico aunque aún no lo hayamos registrado en nuestra mente colectiva. Cuando el momento llega para un cambio social, cuando suficiente gente dice “basta ya”, harta de la normalización de lo injusto, esos cambios nos arropan, estemos listos o no. Esos cambios se materializan como una combustión de energía y no hay forma de detenerlos. 

Son muchas las mujeres en la televisión, en la política, en las corporaciones, en los espacios religiosos, en todos los lugares de poder que se nos niegan o se nos dan a cuentagotas, que viven lo que vive Celimar. Muchas son solidarias. Muchas le temen a esa solidaridad y no las juzgo. El sistema está diseñado para que tengan miedo. Ese justamente es el plan. Ese libreto viejo pero efectivo de amedrentar, de enfrentar a mujer contra mujer, de dividir y vencer, sigue funcionando en Puerto Rico. 

Pero Celimar abrió la puerta. No es la primera mujer en la televisión que demanda por discrimen, pero pienso que es la primera que aspira a una justicia que sobrepasa su situación individual. Me luce que es la primera que tiene una visión clara de lo que este caso puede representar, del hito histórico que puede crear para otras mujeres, y para todos, porque la realidad es que cuando vivimos en justicia, potenciamos una sociedad más saludable para hombres y mujeres. 

Yo reconozco los momentos que cambian el curso de la historia cuando los veo. Estamos en ese umbral. Podemos crear, aquí y ahora, un país donde las mujeres no seamos ciudadanas de segunda categoría. Ese cambio viene como una ola de tsunami. El que tenga oídos para oír, queoiga.  

Lee también la opinión de la expresidenta de la Asppro sobre el caso de Adames Casalduc.

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