Mari Mari Narvaéz

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Por Mari Mari Narvaéz
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Cenizas

No es triste. Es repulsivo. Mi generación se ha criado en un país cuya administración pública se define en el clientelismo político puro. En este archipiélago despampanante (rico, luminoso, tórrido, afectivo) sabemos que las decisiones más serias de política pública se toman según la cantidad de dinero que se refrende al partido de mediocres de turno. A veces no se sabe qué intereses son más apremiantes: si el del coro de babosos del partido o el de individuos y corporaciones con una diversidad de influencias que a veces no podemos ni imaginar. Pero hay situaciones que escapan por completo a las lógicas de la avaricia y la corrupción. La amenaza a la salud y el ambiente, por ejemplo.

Siguiendo la lucha extraordinaria, disciplinada, constante, que ha librado la comunidad de Tallaboa en Peñuelas contra el depósito de cenizas, me he ido haciendo muchas preguntas: ¿De quién es, no solo la carbonera AES sino los vertederos de Peñuelas? ¿Cuánto poder ejercen en nuestro gobierno cuando hasta la Policía les brinda seguridad privada, defendiendo evidentemente sus intereses privados por encima del público? ¿Por qué, después de años de prohibir el depósito de cenizas en Puerto Rico -ya que la toxicidad de las cenizas de carbón es de conocimiento universal y nuestro espacio geográfico es muy breve como para no poner en riesgo la salud de la gente- se enmendó el contrato de AES para permitirle depositar sus cenizas aquí? He ido encontrando mis respuestas. Pero hay algo que aún no me explico: aquellos que enmendaron ese contrato para defender los intereses económicos de la carbonera y de los dueños de los vertederos, ¿de verdad creen que las cenizas no amenazan su propia salud? ¿Pensarán que solo enferman a los peñolanos, a los guayameses y salinenses? ¿No se les ocurre que esas partículas, ligeras como la polvareda, vuelan y se depositan en el ambiente, en al aire que respiramos, en nuestros cuerpos? ¿No piensan en el agua misma que se están bebiendo los servidos por el acuífero del sur? ¿En la sospecha cada vez mayor de que esté contaminado? ¿A ninguno le pasa de vez en cuando por la cabeza que a lo mejor se están matando ellos mismos?

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