Luis Ríos Hernández

Tribuna Invitada

Por Luis Ríos Hernández
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Cenizas, energía, contaminación y un pueblo que reclama

Todo proceso de combustión o quema, por lo general, produce calor, vapor de agua y dióxido de carbono, en el mejor de los casos. Por miles de años los seres humanos han usado la combustión para el desarrollo social y para satisfacer las necesidades humanas (calefacción, cocina, generación de energía, etc.). Con el descubrimiento de fuentes de energía no renovable y los adelantos tecnológicos para la extracción, refinería y utilización de esos recursos, se originó la revolución industrial. El conjunto de estos factores provocó el aumento poblacional y perpetuó la necesidad de generar más y más energía para satisfacer a las sedientas civilizaciones humanas de la preciada electricidad. 

Puerto Rico no es la excepción, pero nuestra relativa joven edad geológica nos obliga a importar todos esos recursos no renovables para suplir la demanda de nuestra insaciable sociedad. Hoy vivimos tiempos difíciles y entre las numerosas controversias están las cenizas generadas por la quema de carbón, la generación de energía y los reclamos en torno a éstas.

Si de cenizas se trata, de eso sí nuestro pueblo sabe. Frecuentemente disfrutamos de una comida hecha en leña o de una barbacoa suculenta hecha con carbón, en especial en estos días de playa.  Pero esas cenizas no generan una controversia a nivel nacional, pues son muy pocas y aparentemente inofensivas. ¿Lo son en verdad?  La realidad es que todas las cenizas resultantes de la quema de carbón generan desperdicios indeseables que podrían afectar el ambiente y hasta la salud humana.  Estas cenizas, y en especial las generadas por AES, típicamente contienen metales pesados que en altas concentraciones son responsables de un sinnúmero de síntomas que perjudican nuestra salud y la del medio ambiente, sin minimizar los problemas respiratorios causados por el particulado fino componente básico de las cenizas.

Entonces, ¿cómo podemos disponer de las cantidades industriales de ceniza generadas por AES de una forma responsable, que salvaguarde la salud humana y sea cónsona con la naturaleza? Si entendemos que estas cenizas son lo suficientemente tóxicas y nocivas para la salud humana como para que no se pueden quedar en PR (lugar de generación), ¿a dónde las enviamos? ¿En qué otro lugar no van a causar los daños que prevenimos aquí? ¿Nos debe importar la salud de otros seres humanos lejos de nosotros y nosotras? ¿Seríamos ahora todos y todas responsables de los resultados de esa decisión? Nadie quiere pensar en este tipo de preguntas, mucho menos responderlas, pero es nuestra responsabilidad hacerlo si queremos ser seres humanos conscientes y empáticos con quienes son más vulnerables.

Yo sugiero que no seamos antagonistas irracionales, sino que, por el contrario, nos eduquemos y exijamos transparencia y voluntad para insertarnos en los procesos y garantizar que nuestros reclamos respaldados por la ciencia nos guíenhacia un futuro mejor, más fructífero y sano.  Debemos trabajar juntos y juntas para hacer preguntas y exigir respuestas, con evidencia irrefutable. Por ejemplo, ¿conoce AES la composición elemental del carbono que quema? ¿Conoce AES el origen de ese carbón? ¿Cuántos tipos de carbón quema AES? ¿Usa la mejor tecnología disponible para quemar el carbón? ¿Conoce la composición química elemental de los tipos de ceniza que genera? ¿Usa la mejor tecnología disponible para capturar y almacenar las cenizas que genera? ¿Se preocupa AES por comprar el mejor y menos peligroso carbón para quemar en sus facilidades? ¿Qué hace exactamente AES para salvaguardar la salud de nuestro pueblo? Por otro lado, ¿estamos dispuestos y dispuestas a pagar más cara la electricidad que se genere con un mejor carbón que sea más caro, pero menos peligroso? Estas son preguntas razonables tanto para AES como para la ciudadanía de nuestro país. ¿Qué vamos a hacer como una sociedad responsable y razonable? 

Lamentablemente, la controversia de las cenizas no termina con su producción, sino que gran parte del problema es su disposición y los posibles efectos a corto y largo plazo para la ciudadanía de nuestro país. El vertedero de Peñuelas está regido por los estatutos y guías de la regulación federal bajo el sub-título EPA, 40CFR 258. Esta misma regulación ordenó el cierre de los vertederos de Isabela, Juncos, y Vega Baja (en marzo 2017) y anteriormente (en el 2016) el de los vertederos de Lajas, Toa Alta y Moca, todos por falta de cumplimiento. Ante esos precedentes de incumplimiento, creo que es razonable que se nos conteste públicamente y a cabalidad esta serie de preguntas antes de formarnos una opinión no educada y fuera de nuestra realidad: ¿Existe un programa de monitoreo ambiental en el vertedero? ¿Cuáles son sus resultados? ¿Qué exactamente se monitorea? ¿Cuán frecuentemente se hace? ¿Quién realiza el monitoreo? ¿Qué protocolos usan para los análisis? ¿Están disponibles al público los resultados?

Finalmente, no podemos perder de perspectiva que es una problemática real e inminente la de los desperdicios sólidos en nuestro país debido a la falta de transparencia y a la deshonestidad que está afectando nuestra sociedad a todos los niveles. Alcemos nuestras voces en el reclamo de nuestro derecho irrenunciable a la salud y, a la vez, gritemos a viva voz que no ignoraremos nuestras responsabilidades sociales para garantizar, no sólo nuestros derechos humanos, sino también los  de otros seres.

El doctor Luis A. Ríos Hernández es profesor en el departamento de Biología del Recinto Universitario de Mayagüez y miembro de la Junta Directiva de la Asociación de Profesoras y Profesores del Recinto Universitario de Mayagüez (APRUM). 

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