Ricardo Alegría Pons

Tribuna Invitada

Por Ricardo Alegría Pons
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Censura al arte en San Juan

El arte pictórico antecedió por milenios a la escritura. En cualquiera de sus manifestaciones, el arte es, entre muchas cosas, válvula de escape. El arte ha sido, es, y será denuncia: piénsese en “los fusilamientos del 3 de mayo” y en el “Gernika”.

Hay una estética de la protesta.

Una situación colonial es abono fértil para el descontento. El artista puertorriqueño no es la excepción en la expresión de su sentir. Por solo mencionar dos ejemplos elocuentes (con perdón de la omisión de muchos otros casos meritorios), los maestros Lorenzo Homar y Carlos Raquel Rivera fueron artistas comprometidos con su patria. Del primero recuerdo una ilustración muy pertinente a estos tiempos, que rezaba: “no vendas tu tierra al extranjero”. Y del segundo su célebre grabado “elecciones coloniales”.

Respondiendo, sin duda, a este propósito de compromiso y denuncia, hace algún tiempo, los muros en la calle Norzagaray —antes de la Plaza del Quinto Centenario— fueron decorados con múltiples escenas condenando la imposición de la Junta de Control Fiscal. De un día para otro, estos murales desaparecieron cubiertos por pintura verde. Hasta el momento ninguna autoridad ha asumido responsabilidad por dicho acto, que constituye una censura en toda regla.

La administración gubernamental es crítico constante de las determinaciones de la Junta en torno al presupuesto. Los partidos políticos, tanto de mayoría, como de minoría, han hecho sentir también su disconformidad con la Junta de Control Fiscal impuesta por vía judicial.

De otra parte, encuestas de opinión publicadas en varios medios señalan que la gran mayoría de los puertorriqueños rechazan la Junta de Control Fiscal: Siendo evidente entonces que no pudiendo tampoco atribuir responsabilidad a “Fuente Ovejuna” por la censura de los murales cabe preguntarse, ¿quién ha sido el responsable?

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